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A VUELTAS CON LA PSICOLOGIA
I. Al filo de la experiencia
1. El conductismo en el candelero
2. Mi interés por el lenguaje
3. La revolución cognitiva
4. El corsé metodológico
5. El fantasma del impacto
6. La formación de los psicólogos
7. La psicología como profesión
II. La psicología como ciencia
8. El paradigma científico y sus límites
9. Un panorama variado
10. La psicología cultural como alternativa
11. Los limites de la explicación vigotskiana
III. La conducta como dato empírico
12. Un ejemplo
13. Dimensiones de la conducta
IV. Consideraciones sobre la psicología posible
14. El individuo como límite
15. Persona y sociedad
16. Explicar y comprender
17. Un ejercicio de modestia
JUSTIFICACIÓN
La mayor parte de los
que en la actualidad se dedican a la investigación en psicología lo hacen en campos cada
vez mas especializados y dan por ello por supuesto que las cuestiones básicas sobre la
naturaleza de su ciencia y sus limites hace tiempo que están resueltas y que cualquier
intento de replantear su discusión tiene un interés mínimo o, peor todavía, pone en
peligro el status de su ciencia o su propio status personal como científico. A mí me
ocurre justamente lo contrario, creo que la psicología anda todavía a la búsqueda de su
definición científica y buena prueba de ello es la diversidad de orientaciones que hoy
coexisten con la etiqueta de psicología científica y creo por tanto que la reflexión
sobre su objeto y sobre la metodología adecuada para su estudio tiene completa
actualidad. Y como después de haber dedicado buena parte de mi vida a cultivar diversos
aspectos de la psicología he llegado a una edad en la que puedo sentirme libre para no
depender de juicios ajenos me siento impulsado a poner por escrito lo que pienso sobre el
tema. Y para centrar mi reflexión empezaré recordando mis propias experiencias como
interesado por la psicología a lo largo de muchos años.
AL FILO DE LA EXPERIENCIA
1. EL CONDUCTISMO EN EL CANDELERO
Hace cerca de sesenta años, en 1951, tuve la suerte de incorporarme al recién
constituido Departamento de Psicología Experimental del CSIC, bajo la dirección del
Doctor José Germain, una realidad institucionalmente muy modesta pero que con el correr
del tiempo se convirtió en el germen del desarrollo de la psicología universitaria en
España y con ello tanto de su desarrollo científico como de su implantación
profesional, de manera que merece la pena reflexionar sobre el significado que tuvo
aquella experiencia para los que la vivimos.
La guerra civil había representado un corte brusco en muchos aspectos de la vida
intelectual española y también en la psicología. Es cierto que antes de la guerra en el
ámbito universitario la psicología se limitaba a ser una asignatura dentro de la
licenciatura en filosofía pero fuera de las aulas universitarias se había despertado un
gran interés por la psicología aplicada en muy diversos campos, un interés que se
había concretado en la creación de los Institutos Psicotécnicos de Madrid y Barcelona.
En Barcelona Emilio Mira había conseguido un amplio reconocimiento internacional para su
labor pero después de intervenir activamente en la contienda tuvo que exilarse. José
Germain en cambio continuó en Madrid y aunque perdió la dirección del Instituto luego,
al asumir la dirección del Departamento, aseguró el enlace con la tradición anterior.
Pero, como ya he dicho, se trataba básicamente de una tradición de psicología aplicada
centrada en los tests mentales mientras que los jóvenes que nos agrupábamos a su
alrededor teníamos una perspectiva más amplia y variada y así, para limitarme a los que
posteriormente ocupamos las primeras cátedras universitarias, Mariano Yela había
profundizado la teoría psicométríca con Thurstone en América y había participado en
investigaciones de psicología experimental al lado de Michotte en Lovaina. Jose Luis
Pinillos había practicado tests proyectivos en Alemania y luego había trabajado con
Eysenck en Londres, sobre cuestionarios de personalidad. Yo mismo, que en mis años
universitarios antes de la guerra en Barcelona había conocido la obra de Mira en
Barcelona tiempo después en Londres, me había familiarizado con una nueva manera de
entender la psicología industrial, basada no en la psicotecnia de las aptitudes sino en
la psicología social. Y más allá de estas experiencias particulares intentábamos estar
al corriente de lo que ocurría con la psicología en el mundo, en un panorama muy amplio
que iba de la psicología de la gestalt al psicoanálisis. Y lo que no era menos
importante, tanto Mariano Yela, como José Luís Pinillos, como yo mismo, habíamos
estudiado en la Facultad de Filosofía y Letras y habíamos cursado la licenciatura en
filosofía, dos años de estudios humanísticos y tres de especialización en filosofía,
lo que significa que teníamos una formación intelectual muy amplia. Y lo que significa
también que nuestro horizonte de aspiraciones se centraba en la Universidad. Y
efectivamente con el tiempo los tres llegaríamos a ocupar sendas cátedras universitarias
de psicología después de las correspondientes oposiciones, Mariano Yela en Madrid, José
Luís Pinillos en Valencia y yo mismo en Barcelona.
A efectos de la reflexión que intento hacer el dato curioso y significativo es que en el
curso de las oposiciones a cátedra a las que nos presentamos, primero Mariano y tiempo
después José Luis y yo mismo, a la hora de exponer el tema "Concepto y método de
la asignatura" los tres coincidimos en afirmar que la psicología que más
propiamente merecía el nombre de científica era la que en América se llamaba
"behaviorismo", denominación que en España se traducía por conductismo.
¿Cómo llegamos a coincidir en una opción que estaba tan lejos no solo de nuestra
formación sino de nuestras diversas dedicaciones? Creo sinceramente que fue el resultado
de un ejercicio de coherencia intelectual, los tres llegamos a la conclusión de que el
conductismo era la doctrina psicológica que mejor coincidía con los postulados de la
ciencia.
La ciencia en el sentido con que hoy la entendemos surgió en Europa a finales de la Edad
Media y se desarrolló a lo largo de la época moderna al compás del pensamiento
racionalista y con unos supuestos que dicho rápidamente se pueden resumir así: Todo lo
que existe y puede ser explicado científicamente es de naturaleza material y puede ser
descompuesto en elementos más simples. Explicar científicamente significa explicar los
fenómenos desde sus causas. Por causalidad hay que entender la causa eficiente, lo que
ocurre en un momento dado es consecuencia de la situación en el momento anterior. Para
averiguar las causas y para deducir las leyes según las cuales éstas actúan la ciencia
acude a la observación empírica sistematizada y a la experimentación controlada según
normas que definen la metodología experimental. Finalmente la ciencia aspira a formular
matemáticamente las leyes que expresan la causalidad o las correlaciones entre los
fenómenos.
La nueva ciencia se aplicó en primer lugar a la mecánica, tanto terrestre como celeste,
entendiendo por "mecánica celeste" la astronomía, con resultados
espectaculares. Progresivamente fue ampliándose a todos los ámbitos de la naturaleza con
los asombrosos resultados que conocemos, asombrosos tanto por la amplitud y la variedad de
los conocimientos acumulados como por la eficacia de las técnicas derivadas de estos
conocimientos. Y como era inevitable en esta progresiva ampliación del ámbito de la
ciencia se debía también intentar estudiar la naturaleza humana y su comportamiento con
los parámetros de la ciencia natural. Ya en el siglo XVIII en nombre del materialismo
radical se hicieron propuestas en este sentido pero a las que el estado incipiente de la
fisiología condenaba a quedarse en mera aspiración. En la misma época el empirismo
inglés hizo una propuesta distinta para dar status científico a la psicología,
centrarla en la vida psíquica considerando que las sensaciones y las imágenes en las que
éstas perduran son los últimos elementos del psiquismo y tratando de deducir las leyes
que rigen la combinación de estos elementos hasta constituir los procesos más elevados.
Esta concepción de la psicología como ciencia de la vida psíquica que tiene la
introspección como primera fuente de conocimientos fue ampliamente aceptada a lo largo
del siglo XIX. E incluso se consideró un signo de modernidad. Un dato anecdótico pero
significativo es el siguiente, si se examinan los manuales de introducción a la
psicología que se usaban en España en los Institutos de Enseñanza Media a finales del
siglo XIX y comienzos del XX se advierte una clara diferencia, los manuales de
orientación tradicional, escolástica, definen la psicología como la "ciencia del
alma", mientras que los de orientación moderna, la mayoría en la órbita de la
Institución libre de la Enseñanza, definen la psicología como la "ciencia de los
hechos de conciencia".
La progresiva utilización de las matemáticas, como hacia Galton o de metodología
experimental como preconizaba Wund, pretendieron situar a la psicología en el campo de la
ciencia natural pero no implicaban la renuncia a la introspección sino que durante un
tiempo introspección y experimentación objetiva coexistieron, una coexistencia cada vez
más problemática hasta que a partir de 1920 se fraguó lo que se conoce como la
"crisis de la psicología".
El conductismo, formulado por Watson unos años antes, se puede situar en el marco de esta
crisis. Aunque el aspecto más llamativo del conductismo sea su limitación a una
metodología estrictamente experimental, lo que a su vez le obliga a utilizar sujetos
animales, lo que realmente define al conductismo es su renuncia expresa a la
introspección por considerarla extraña a la metodología científica. Y algo mas
todavía, el conductismo propone una explicación estrictamente científica a los
comportamientos que analiza, el comportamiento complejo y aparentemente intencional de la
rata que recorre un laberinto se explica por unos acontecimientos anteriores y más
simples, las respuestas adquiridas, que son las causas del comportamiento actual. Dicho de
una manera más breve, el conductismo pretendía explicar la conducta humana con una
fidelidad absoluta al método científico pero sin disolver la psicología en la
fisiología. No creo por tanto engañarme diciendo que fue esta estricta correspondencia
entre la psicología conductista y los postulados del método científico lo que nos
movió a identificarla como la auténtica psicología científica,
Una vez dicho esto inmediatamente he de añadir que tanto para Yela como para Pinillos
como para mí, el afirmar el carácter científico del conductismo no significaba
identificarnos con la forma como lo veíamos realizarse. Lamentábamos que los
investigadores conductistas, centrados en experimentos con animales de laboratorio,
dejasen de lado el intentar explicar las formas superiores de los comportamientos humanos,
concretamente los comportamientos inteligentes y lingüísticos. Y abrigábamos la
esperanza de que, con el tiempo, el conductismo superaría estas limitaciones y abordaría
el conjunto de la conducta humana. Y creíamos que al hacerlo redescubriría el carácter
estructural e intencional de esta conducta. Mariano Yela lo dijo explícitamente unos
años mas tarde en un espléndido texto, su discurso de ingreso en la Academia de Ciencias
Políticas y Sociales, un texto que tanto Pinillos como yo mismo habríamos firmado. Pero
la verdad es que pasaban los años y el conductismo no parecía capaz de evolucionar.
En todo caso, por aquellos años, y con independencia de lo que
nosotros pensásemos, el conductismo se convirtió en la orientación predominante,
primero en los Estados Unidos y luego en Europa donde progresivamente marginó a la gran
variedad de tradiciones existentes. Y así ocurrió que la implantación y la rápida
expansión de los estudios de psicología que nosotros iniciamos se hizo en buena medida
en nombre de la psicología experimental, en muchos casos explícitamente conductista. A
lo que se puede añadir que en el campo de las aplicaciones prácticas al lado de las
técnicas psicométricas empezaron a acreditarse las técnicas de "modificación de
conducta", directamente inspiradas en los postulados del conductismo.
2. MI PREOCUPACIÓN POR EL LENGUAJE
Aun reconociendo la clara concordancia entre los principios del conductismo y los
postulados de la ciencia natural ni compartía sus principios ni simpatizaba con su
metodología experimental de manera que no tenía ninguna intención de apuntarme en sus
filas. Por otra parte, desde que en 1962 me incorporé a la Universidad de Barcelona
decidí que no podía continuar teniendo la psicología social y del trabajo como mi
ocupación principal de modo que me incliné hacia la psicología evolutiva y precisamente
en la forma en que la entendía Piaget. Había diferentes razones para esta opción. La
psicología del desarrollo infantil parecía más susceptible de interesar a los futuros
psicólogos que los problemas que abordaba la sociología del trabajo y la gran actividad
y el gran prestigio que tenía la escuela de Ginebra y su relativa cercanía a Barcelona
hacían imaginable una fructífera colaboración. Pero en mi preferencia había una razón
más de fondo. Frente a la tendencia a creer que la psicología debía ofrecer
explicaciones causales y en definitiva mecanicistas, al estilo de las ciencias naturales
Piaget proponía explicaciones de orden genético. Y no creo equivocarme diciendo que sus
propuestas eran el resultado de su esfuerzo por comprender los procesos evolutivos, tanto
en el conjunto de las especies como en cada individuo.
El desarrollo del niño no está predeterminado, no es el resultado
necesario de un desarrollo fisiológico, sino que es una evolución innovadora o, si se
prefiere, una construcción en la que el estado del niño y su relación con el medio en
un momento determinado le ofrecen los recursos que le permiten acceder a un nivel
superior, a una nueva forma de relación con el medio. Solo encontraba un punto de
discrepancia con la doctrina piagetiana y es que yo me interesaba por el desarrollo del
lenguaje y que para Piaget el lenguaje es simplemente un subproducto del desarrollo de la
inteligencia. De manera que por mi propia cuenta imaginé un proceso evolutivo del
lenguaje que arrancaba de la comunicación gestual para llegar al lenguaje verbal.
En 1975 presenté en la Sociedad de Psicología de Lengua Francesa una comunicación en la
que exponía mis ideas sobre el origen a la vez comunicativo e intelectual del lenguaje y
a partir de entonces empezó a fraguarse un grupo de interesados por el tema que fue así
un grupo pionero de estos estudios en España. Y fue una vez emprendido este camino que
conocí la obra de Vigotsky. Silenciada en su propio país y desconocida fuera de él, fue
gracias al empeño de Brunner que su obra se tradujo y que inmediatamente despertó una
gran atracción. Creo que fuí uno de los primeros en conocerla en España e
inmediatamente simpaticé con ella. Tenía para ello muchos motivos, su preocupación
básica por combinar la explicación del ser humano a la vez como ser biológico y como
ser social, su insistencia en el origen comunicativo del lenguaje, la relación estrecha
que postula entre lenguaje y actividad, su interés por el proceso de interiorización y
por las funciones del lenguaje interiorizado... Había un punto, sin embargo, en el que no
podía coincidir con él. Para Vigotsky el proceso de socialización de los individuos
empieza propiamente con el lenguaje cuando a mí me parecía evidente que empieza mucho
antes. Wallon, mucho menos recordado hoy de lo que merece, propia una solución que me
parecía mucho más satisfactoria. Porque era marxista como Vigotsky pensaba que la
socialización del ser humano no era algo añadido sino algo que formaba parte de su
propia naturaleza. Para él, el niño en la primera etapa de su vida experimenta emociones
que primariamente son cambios fisiológicos pero que son visibles en el exterior de modo
que los que rodean al niño, la madre en primer lugar, interpretan estos cambios externos,
enrojecimiento, agitación, llanto.... como signos de lo que ocurre en su interior y
actúan en consecuencia. El niño a su vez se habitúa a modificar su comportamiento en
función de estas respuestas ajenas con lo que se inicia la comunicación.
Creía con esto seguir un camino fructífero y en el que pronto confluirían muchos
investigadores. El estudio del lenguaje infantil permitía, como ya he dicho, proponer
explicaciones genéticas y evolutivas y además y sobre todo obligaba a mantener unidos
desde el primer momento las explicaciones desde el individuo y desde su contexto social.
Pronto tuve que darme cuenta de que me equivocaba en mis expectativas. Por aquellos años
se despertó efectivamente un gran interés por el estudio del lenguaje infantil en Estaos
Unidos y en muchos otros lugares pero la mayoría de los investigadores lo hacían de
acuerdo con los postulados de Chomsky. Se había producido la revolución cognitiva.
3. LA REVOLUCION COGNITIVA
En mi recuerdo, el predominio del conductismo acabó de una manera relativamente brusca.
Dicho de una manera caricaturesca los psicólogos un día se acostaron conductistas y a la
mañana siguiente amanecieron cognitivistas. Se trata evidentemente de una exageración,
las cosas nunca son tan drásticas pero sí que es cierto que el cambio fue relativamente
brusco y, en mi opinión, ello ocurrió así porque el conductismo, tan fiel a los
postulados del método científico, se había quedado al margen de las preocupaciones de
su tiempo.
Se pueden aducir muchos datos en este sentido. A mediados del siglo XX el desarrollo de
los sistemas de comunicación había impulsado la aparición de una teoría de la
comunicación que tenia aplicaciones en muchos campos. Paralelamente con este desarrollo
el progreso de la informática y la aparición de los primeros ordenadores popularizaron
los estudios sobre mecanismos autorregulados y sobre inteligencia artificial. Y en los
ambientes intelectuales más diversos las teorías estructuralistas popularizaban los
estudios sobre toda clase de códigos. Con la valoración del estructuralismo la
lingüística se estaba convirtiendo en una ciencia modélica. En cambio, y contrastando
con esta preocupación generalizada por el lenguaje y el procesamiento de la información,
el conductismo, la teoría psicológica predominante en los círculos académicos, seguía
ignorando el lenguaje y las formas superiores del conocimiento. De manera que no puede
sorprender que el cambio fuese relativamente rápido y que, en muy poco tiempo, el
cognitivismo, que entendía el ser humano en primer lugar como un sistema de procesamiento
de información, pasase a ocupar el primer plano. Y también es significativo que la
primera batalla se diese en el seno de la psicolingüística y que la señal de partida la
diese la recensión que hizo Chomsky de un libro de Skinner sobre el comportamiento
verbal. Una recensión por cierto de la que yo, sin darme cuenta claramente de la
importancia que llegaría a tener, publiqué una traducción española en
"Convivium", una revista que por entonces dirigía.
En honor a precisión he de aclarar que la lingüística de Chomsky no es propiamente
hablando estructuralista sino genética y explicativa a partir de unas estructuras
mentales. Pero para el comun de los mortales el hecho es que Chomsky se interesa por las
estructuras de lenguaje mas que no por sus contenidos.
No hace falta decir que desde mi punto de vista el cambio tenía ventajas evidentes. Por
fin la psicología volvía a ocuparse de las actividades superiores del ser humano y con
ellas del lenguaje, un tema por el que yo me interesaba, y no tendría sentido que yo
intentase resumir aquí las grandes aportaciones que los investigadores que comparten la
denominación de cognitivistas han aportado a nuestro conocimiento de los procesos
humanos. Concretamente, en el caso del estudio del lenguaje infantil, es evidente que el
cognitivismo en su versión chomskiana ha representado un avance extraordinario en el
conocimiento de la génesis y el desarrollo de sus estructuras formales. Pero una vez
reconocido todo esto, añado inmediatamente que desde el primer momento fui consciente de
sus limitaciones.
Por grande que fuese mi distancia respecto del conductismo había un punto en su enfoque
que me parecía plenamente positivo. Como ya he recordado en este mismo comentario, desde
los tiempos de Aristóteles el estudio del ser humano se había centrado en su capacidad
cognitiva mientras otros aspectos de su naturaleza quedaban en la penumbra. El conductismo
en cambio proponía que el objetivo directo de la psicología era la conducta humana,
aunque la estudiase a partir de la conducta de un ratón o de una paloma. El cognitivismo,
en cambio, y su misma denominación es ya bastante explicita, recaía en la antigua
obsesión. A diferencia del ratón de los conductistas que recorría un laberinto a la
búsqueda de comida o de apareamiento el sujeto humano del cognitivismo, representado por
la metáfora del ordenador, procesaba información en forma muy sofisticada pero ni era
activo ni parecía tener otro objetivo que procesar mas información.
A esta objeción de principio en mi caso añadía otra. Explicar la génesis y el
desarrollo del lenguaje exclusivamente desde estructuras innatas en el propio sujeto puede
ayudar a explicar los aspectos cognitivos y formales pero a costa de dejar al lado los
aspectos comunicativos y sociales. Es cierto que el lenguaje es una característica común
a toda la especie humana, lo que implica rasgos comunes, pero no es menos cierto que los
humanos solo han empezado a hablar porque coexisten en espacios comunicativos y no es
menos cierto que hablan en lenguas determinadas cada una de las cuales ha surgido en una
sociedad concreta.
Con el paso del tiempo las limitaciones del enfoque cognitivista se han hecho cada vez
más evidentes. El ser humano no solo procesa información sino que la utiliza para
determinados objetivos y es conciente de sus intenciones al hacerlo. Y aquí surgen las
dificultades para deducir del procesamiento de la información la intencionalidad o la
conciencia. Y algo no menos importante, si el sujeto humano se reduce a un sujeto capaz de
procesar información o a un organismo individual capaz de procesar información, su
relación con los demás, el hecho de que proyecta objetivos junto con otros y el hecho de
que los proyecta en un medio social se hace igualmente difícil de explicar.
El resultado final es que actualmente asistimos a una cierta contraposición entre
actitudes teóricas e ideológicas distintas y aun opuestas en la consideración del
comportamiento humano y por tanto en el objeto de la psicología. Por una lado, las que se
interesan en primer lugar por los fundamentos fisiológicos de la conducta humana y
también los que, como es el caso de las distintas corrientes del cognitivismo, sin
prejuzgar sus fundamentos fisiológicos, parten de unas capacidades previas o innatas de
los individuos que se desarrollan al contacto con estímulos externos. Y por otro lado
están los que consideran que la conducta humana está desde el principio condicionada por
la relación con los demás y por su inserción en un medio social, y que se agrupan en
concepciones a su vez muy diversas, pragmatismo, psicología social o psicología
cultural.
Este dualismo de fondo me parece el dato más significativo de la psicología con
aspiraciones científicas de la actualidad. Y los intentos de lanzar puentes entre las dos
orillas lo único que ponen de relieve es la ausencia de una concepción de la naturaleza
humana capaz de soportar las dos interpretaciones.
4. EL CORSÉ METODOLÓGICO
Todo lo contado hasta aquí se puede resumir diciendo que a lo largo de
mi vida profesional he visto sucederse distintas teorías psicológicas, o sea distintas
maneras de entender en qué consiste la psicología como ciencia, una sucesión en la que
el dato más visible ha sido la substitución del conductismo por el cognitivismo, pero no
el único porque, como recordaba al comienzo, en los ya lejanos días del departamento del
CSIC existían otras doctrinas psicológicas que se disputaban el favor de los
psicólogos, como la psicofisiología, la interpretación genética del desarrollo
infantil de Piaget o distintas maneras de entender la personalidad que todavía hoy tienen
cultivadores. Una pluralidad de orientaciones que justifica mi afirmación inicial de que
la psicología no ha encontrado todavía su status como ciencia.
Pero si no se ha logrado un acuerdo sobre la naturaleza de la psicología como ciencia en
el sentido de cuál es su objeto propio y cuáles son sus explicaciones adecuadas, existe
en cambio un acuerdo implícito en considerar como científico cualquier dato sobre el
comportamiento humano conseguido a través de la metodología propia de las ciencias
naturales sea cual, sea la interpretación que se dé al resultado. Y cada vez más tengo
la sospecha de que éste es el origen de nuestras dificultades.
El conductismo ofrece un ejemplo aparatoso en este sentido. Para ser totalmente fiel a la
metodología científica renunció a utilizar personas como objetos de experimentación y
los substituyó por ratas que pueden ser enjauladas y sometidas a complicados diseños
experimentales. La sospecha evidente es que con la substitución se pierden algunos de los
elementos esenciales de la conducta humana.
La sospecha puede ir mas lejos, quizás es la propia conducta animal la que así queda
deformada, quizás la pretensión de que la metodología experimental permite aislar y
medir los elementos básicos de la conducta de un ser vivo es una ilusión. Piénsese en
las célebres experiencias de Pavlov que le permitieron aislar las respuestas
condicionadas que se convertían así en los elementos básicos de los comportamientos
superiores. El perro acostumbrado a percibir la carne al mismo tiempo que suena una
campana basta con que oiga la campana para que empiece a segregar jugos gástricos y, si
antes se le ha practicado una fístula y se le ha introducido una cánula, se podrá medir
la cantidad de jugo gástrico segregado en su estómago. Metodológicamente el experimento
es perfecto y aparentemente hemos puesto de relieve una relación básica y simple a
partir de la cual podremos explicar respuestas más complejas ¿Pero estamos seguros de
que es una respuesta simple y elemental, independiente del conjunto del animal? El propio
Pavlov cuenta que a los perros había que entrenarlos para que se sometiesen a la
experimentación y que desarrollaban hábitos, por ejemplo les tenía que llevar al
laboratorio de experimentación siempre el mismo cuidador, y a pesar de todos los cuidados
alguna vez ocurría que el perro se negaba a colaborar, desarrollaba según Pavlov una
neurosis y había que sacrificarlo. De manera que bien podría decirse que solo los perros
que habían sido condicionados para participar en los experimentos permitían observar
respuestas condicionadas
Es cierto que los experimentos de los que se nutre el cognitivismo en sus distintas
versiones no se hacen con animales sino con sujetos humanos, pero ¿estamos seguros de que
al situarles en condiciones experimentales plenamente controladas no estamos modificando
su conducta? ¿De que al pretender aislar un rasgo o un elemento no lo estamos deformando?
Supongamos un experimento sobre memoria semántica en el que se trata de aclarar la
influencia relativa de la similitud fonética y de la similitud en el significado en el
recuerdo de pares de palabras o en la evocación de una palabra por otra. El experimento
se lleva a cabo utilizando una muestra de sujetos que se supone que constituyen una
muestra representativa de la población normal. Cada uno de los sujetos realiza la prueba
en solitario y por tanto sin un contexto social, y también el marco físico en el que
ocurre el experimento, el local experimental, es singular y distinto de los marcos en los
que discurre normalmente su existencia y las palabras estímulo que se le propone recordar
o no son significativas o, si lo son, sus significados no tienen ninguna relación ni con
la situación ni con las preocupaciones del sujeto. Podemos suponer, por tanto, que lo que
pone en juego el experimento es la pura capacidad de recordar palabras. Y que, combinando
los resultados de este experimento con otros en los que se ponga en juego la misma
capacidad, se conseguirá una descripción adecuada de la memoria semántica y de las
leyes que la rigen. E incluso se puede suponer que las leyes así deducidas nos
permitirán entender mejor la manera como recuerda palabras un sujeto concreto en una
situación igualmente concreta.
Pero se puede también creer lo contrario, que la pura capacidad de recordar palabras al
margen de sus significados concretos y de la relación de estos significados con la propia
situación y con la propia conducta no existe, que los resultados conseguidos con el
experimento son un puro constructo a partir de un montaje experimental que puede, a su
vez, combinarse con otros constructos deducidos de otros experimentos en una explicación
cada vez más compleja pero que nunca llegará a identificarse o a poder dar cuenta de la
conducta real. A lo que hay que añadir todavía que la situación experimental dista de
ser tan neutra como se pretende y que tiene sus propios condicionamientos. Es cierto que
el sujeto en la experimentación actúa en solitario pero es evidente que no está allí
por casualidad. Quizás el profesor de psicología ha propuesto a sus estudiantes
participar en un experimento que está llevando a cabo y el sujeto es uno de los que se
han prestado como voluntarios. Se trata, por tanto, de una situación social definida y en
la que el sujeto asume alguna actitud. Puede ser que porqué es estudiante de psicología
se sienta personalmente interesado por el tema y por el experimento o puede ser que solo
sienta una vaga curiosidad o a la inversa que esta allí simplemente porque no se ha
atrevido a negarse.
Naturalmente que los investigadores en psicología son concientes de la capacidad
deformadora de la metodología experimental, de manera que a lo largo del tiempo se puede
observar en cualquier orientación de la psicología esta tensión entre esfuerzos por
acercar la experimentación a la realidad vivida y reacciones a favor de una metodología
más estricta.
Utilizaré como ejemplo algunos episodios de la historia de la psicología industrial o
del trabajo con los que he tenido ocasión de familiarizarme y que me parecen
extremadamente significativos.
A comienzos del siglo XX, la psicotecnia o psicología aplicada, estrechamente relacionada
con la psicología experimental, alcanzó una gran popularidad. Su faceta más conocida
era la evaluación de las aptitudes por medio de tests y su aplicación para la
orientación y la selección profesional. Pero la psicotecnia se aplicaba también a otros
aspectos de la actividad laboral y productiva: el estudio de la fatiga y de su influencia
sobre el rendimiento así como el estudio de los distintos factores que pueden influir
sobre la fatiga y sobre la disminución del rendimiento, la duración de la jornada de
trabajo y las pausas en el interior de la jornada y también la influencia de factores
ambientales como la iluminación, la temperatura o el ruido sobre el rendimiento.
Fuese cual fuese su motivación, el hecho es que estos estudios se
multiplicaron sin que los resultados fuesen concordantes ni se lograse un acuerdo sobre
las condiciones óptimas que aseguren un máximo de satisfacción y un máximo de
rendimiento. En vista de esta falta de acuerdo, y sospechando que la causa podía ser que
la mayoría de estudios experimentales se limitaban a uno solo o a muy pocos factores, la
dirección de la General Electric decidió patrocinar un experimento a gran escala, que se
efectuase en condiciones reales, en el interior de una fábrica, en el que se registrasen
todas las variables físicas capaces de incidir en el rendimiento de los trabajadores, en
el que se tomase la duración de la jornada como variable principal y que se prolongase
durante todo el tiempo necesario, si era preciso durante varios años, para que los
resultados fuesen indiscutibles. Y encargó la dirección del experimento al profesor
Elton Mayo, de la Universidad de Harward, que tenía ya una buena experiencia en el campo
de la psicología industrial.
El experimento se llevó a cabo en una fábrica de la empresa situada
en Hawthorne, cerca de Chicago, de ahí el nombre de Experimento Hawthorne con que se le
conoce. La fábrica se dedicaba a producir teléfonos y el proceso incluía, entre otras
muchas operaciones, el ensamblaje de las varias piezas que constituyen un relé. (el relé
hacia lo mismo que hoy hacen los chips, permitir o impedir el paso de la corriente en
determinada dirección y una centralita telefónica incluía centenares y aun miles de
relés) En una vasta sala de la fábrica, un centenar de trabajadoras, cada una en su
mesa, ensamblaba las diferentes piezas que constituyan el relé, operación que les
ocupaba varios minutos, y lo depositaban en un cinta transportadora que además registraba
el número de relés montados por la operaria a lo largo de la jornada. Además de su
salario, cada operaria recibía una pequeña prima en función del número de relés
montados.
A efectos del experimento, al lado de esta sala de montaje se habilitó
una habitación en la que media docena de operarias hacían exactamente la misma
operación que en la sala, pero en esta habitación se controlaban rigurosamente todas las
variables físicas susceptibles de influir sobre el rendimiento de las operarias:
iluminación, temperatura, humedad... y no solo esto sino que se llevaba un registro de su
alimentación y de su estado de salud, datos que se comparaban periódicamente con su
curva de producción de relés. Y se introdujo además un factor variable que era la
duración de la jornada de trabajo. Durante unos meses las operarias del taller
experimental tuvieron la misma jornada que sus compañeras luego durante los meses
siguientes una jornada más reducida, luego una jornada normal pero con o una pausa de
veinte minutos, luego con tres pausas de cinco minutos cada una, luego volvieron al
horario original, luego al reducido.... Y queda por señalar todavía que un colaborador
del experimento estaba normalmente en la habitación experimental para recoger
información sobre las distintas variables y para observar la marcha del experimento.
Al final de los tres años que duró el experimento, los resultados pueden resumirse así:
las variables físicas controladas con tanta meticulosidad no parecían influir sobre el
rendimiento, lo que debe interpretarse en el sentido de que sus variaciones, de la
temperatura ambiental por ejemplo, estaban dentro de los limiten habituales y no
producían reacciones especificas, y lo mismo puede decirse de las diferencias en la
alimentación. En cambio las modificaciones en la duración de la jornada y la
introducción de pausas sí que producían reacciones especificas y si que influían en el
rendimiento. En general, cualquier reducción de la jornada era considerada como algo
positivo, con mayor motivo por el hecho de que sus compañeras del taller general seguían
haciendo la jornada normal y tendía a aumentar la producción del grupo experimental. La
relación no era sin embargo tan simple. El descanso a media mañana fue acogido con
entusiasmo y se correspondió con un aumento en la producción, mientras que el anuncio de
que durante unos meses tendrían tres pausas de cinco minutos cada una fue acogido
negativamente y no repercutió sobre la producción. Y cuando, en un momento determinado y
dentro del experimento, se les anunció el regreso durante unos meses a la jornada normal,
su actitud fue claramente negativa, como si se tratase de un castigo, y la repercusión
sobre la producción fue así mismo negativa.
Pero además de estos resultados que demuestran la influencia de las actitudes sobre el
rendimiento, resultados que hoy nos parecen lógicos pero que para la tradición
estrictamente psicotécnica y para el propio Elton Mayo constituyan una novedad, el
experimento mostró otro resultado más imprevisto todavía y es que a lo largo de los
tres años que duró, mientras la producción media de las trabajadoras del taller general
se mantuvo estable, la de las trabajadoras del taller experimental, aunque fuese con
altibajos por los motivos que acabo de citar, en conjunto creció continuamente.
La explicación que propuso Mayo puede resumirse así: Las trabajadoras del taller
experimental compartían un espacio laboral, una habitación, que facilitaba más los
contactos entre ellas que no en el taller general y así acabaron constituyendo un grupo.
Pero además, y sobre todo, se trataba de un grupo que era conciente de que tenia un
estatus propio y en cierta manera privilegiado, pues tenían horarios más favorables. Y
algo mas todavía, aunque su jefe jerárquico seguía siendo el jefe del taller general,
en la práctica a quien veían cerca era al responsable del experimento que pasaba mucho
tiempo en la habitación de la experiencia y al que acabaron por considerar su jefe aunque
un jefe con el que podían comentar sus problemas y con el que se sentían cómodas. Y
como para ellas él era el representante de un experimento del que ellas eran una parte
importante, tendían a sentirse responsables por su éxito y con ello a aumentar su ritmo
de trabajo.
El experimento Hawthorne tuvo una amplia repercusión. El propio Elton Mayo no solo
propuso una nueva manera de entender la psicología industrial concebida como psicología
social del trabajo sino que además se convirtió en el adalid de una manera de plantear
la integración de los individuos y de los grupos y las relaciones jerárquicas en el
interior de las organizaciones en lo que se llamó el movimiento de las "relaciones
humanas en la empresa". Este movimiento que en los años sesenta tuvo una gran
popularidad no solo en Estados Unidos sino en Europa, y sus resultados más aparentes
fueron la preocupación por la formación de los mandos medios y la valoración de los
departamentos de personal en las empresas.
Volviendo a nuestro tema, resulta evidente que el rendimiento de un sujeto en una tarea
determinada no puede deducirse de un estudio experimental en el cual un sujeto realiza la
tarea en solitario, porque en la realidad el trabajo ocurre siempre en un contexto social
y por tanto para aclarar las razones de su mayor o menor rendimiento hay que reproducir
este contexto social, lo que no es nada fácil, pues, como demuestra el experimento
Hawthorne, el propio planteamiento del experimento crea un nuevo grupo y una nueva
dinámica social.
A la misma conclusión se puede llegar a partir de otro ejemplo bastante anterior al
experimento Hawthorne y que no tuvo su fama aunque a mi no me parece menos significativo.
El trabajo que llevaban a cabo las operarias ensamblando relés era repetitivo y
monótono. Muchos trabajos han sido así a lo largo de la historia pero en los años
veinte la generalización de la producción en serie, por ejemplo por la industria
automovilística, los había situado en el primer plano de la actualidad. Piénsese por
ejemplo en la película "Tiempos modernos". A los esfuerzos de los
psicotécnicos por aclarar la relación entre la duración de la jornada de trabajo y
productividad se añadieron así los intentos por evaluar las consecuencias de la
monotonía. Laboratorios de varias Universidades en Inglaterra y en Alemania se ocuparon
del tema y todos pusieron de relieve los efectos negativos de la mera repetición que
convierte la actividad laboral en algo sin sentido, unos efectos negativos que podían
llegar al bloqueo de la actividad. Si se propone a un sujeto que repita indefinidamente en
voz alta una poesía que sabe de memoria llegará un momento en el que los sonidos que
emite dejarán de tener sentido para él y si se insiste en que siga repitiendo se
declarará incapaz de hacerlo. Algunos psicotécnicos alemanes que estudiaron el tema
propusieron llamar "satierung", saciedad, a este bloqueo como resultado de la
repetición indefinida de un mismo acto.
En los años en los que combinaba mi trabajo en el Departamento de Psicología
Experimental del CSIC con mi dedicación a la psicología del trabajo, tuvo ocasión de
leer un artículo en una revista de psicología aplicada alemana de comienzos de los años
veinte, un artículo que hoy sería incapaz de localizar aunque quizás era del mismo
Maier que, años después, emigró a Estados Unidos y se convirtió en el principal
teórico de las "relaciones humanas". Sea quien fuese el autor del artículo, lo
que en él se relataba puede resumirse así. Un investigador había decidido estudiar
sistemáticamente la "saciacion" como consecuencia de la repetición y para ello
había organizado sesiones en las que proponía a un grupo de estudiantes que se habían
prestado a participar en el experimento que escribiesen grupos de cinco
"palotes" o líneas verticales. Los estudiantes empezaban la tarea con empeño,
pero al cabo de un rato la calidad de las líneas descendía hasta que hacían meros
garabatos y finalmente uno tras otro se declaraban incapaces de continuar. La realidad de
la "saciación" resultaba evidente y el investigador creyó que era posible e
interesante investigar porqué en unos sujetos se presenta más pronto o más tarde que en
otros. Pero pensando que no podía abusar indefinidamente de la paciencia de sus
estudiantes se dirigió a una oficina de empleo cercana a la Universidad donde los sin
trabajo hacían cola, eran los años posteriores a la derrota de 1918 y Alemania estaba en
plena crisis, y allí pidió voluntarios para participar en su investigación. Y dado que
no eran estudiantes de psicología de los que se podía suponer un cierto interés por
participar en un experimento les ofreció una pequeña compensación económica. Cuando al
cabo de cuatro horas dio por terminada la sesión, los participantes trazaban palotes
iguales que al comienzo y varios se interesaron por la posibilidad de regresar al día
siguiente.
En los dos casos la actividad, trazar palotes indefinidamente, era exactamente la misma
pero su significado para los que la ejecutaban era claramente distinto, para los
estudiantes era una actividad que ni tenia un término definido ni su realización
cumplía ningún objetivo para el propio sujeto mientras que para los sin trabajo era una
manera de estar ocupado y a cubierto recibiendo por ello alguna retribución aunque fuese
mínima. Se puede decir que para ellos la autentica actividad sin sentido, comparable al
trazar palotes para los estudiantes, era el pasar horas en la cola sin saber si finalmente
conseguirían trabajo. La actividad de trazar palotes era la misma pero el marco social y
el significado personal eran distintos. Como habría sido distinto también si la misma
actividad hubiese formado parte de un proceso productivo en el interior de una empresa.
Allegar aquí podemos volver a recordar el experimento de la memoria semántica con el que
empezaba estas reflexiones sobre la experimentación en psicología. Sedaba por supuesto
que la situación experimental era completamente neutra y que no influía sobre los
resultados. Pero los ejemplos que he contado muestran que no hay situaciones neutras y que
las actitudes de lso sujetos influyen siempre sobre los resultados.
La moraleja de lo que acabo de contar es bien simple. La metodología experimental de la
ciencia natural hace tiempo que ha demostrado su excelencia y su eficacia haciendo
adelantar nuestro conocimiento de la naturaleza y ofreciéndonos aplicaciones prácticas
cada vez más sorprendente. Es lógico que queramos traspasar este modelo de
investigación a la psicología, ya que en definitiva el ser humano es también un
elemento de la naturaleza. Pero cuando el físico o el químico realizan experimentos de
laboratorio no necesitan preocuparse por lo que piensan los átomos o las substancias
químicas que hacen reaccionar ni por la relación entre los objetivos de éstas y los
objetivos del experimento. En cambio los sujetos con los que experimenta el psicólogo sí
que tienen objetivos propios y son conscientes de que los tienen Y prescindir de los
objetivos y de las intenciones de los sujetos experimentales en nombre de la pureza del
método es cuanto menos discutible.
5. EL FANTASMA DEL IMPACTO
En todos los tiempos la actividad universitaria tanto en la vertiente docente como en la
investigadora, ha tenido una cierta proyección exterior en forma de prestigio que
diferenciaba entre unos profesores y otros y entre unas universidades y otras. Una serie
de características de nuestro tiempo, y en primer lugar una competitividad cada vez mas
fuerte, unida a una progresiva globalización, obligan a cuantificar este prestigio de
modo que sea posible establecer comparaciones y selecciones supuestamente objetivas en el
campo de la investigación, que por otra parte es el único aspecto de la actividad
universitaria que parece que importa valorar. Y como la necesidad acaba por crear el
órgano de forma más o menos espontánea, se ha consolidado un sistema de evaluación de
ámbito mundial que se apoya en la existencia de una serie de revistas que se supone
representan la ortodoxia científica en los distintos ámbitos de la ciencia, lo que
implica a su vez la existencia de una agencia o institución que establezca esta lista.
Así, el primer peldaño en el proceso de evaluación radica en que los resultados de una
investigación sean aceptados por una revista catalogada. Una vez superado este paso, el
mayor o menor prestigio de una investigación y de su autor se mide por las veces que la
investigación dada es citada en otros artículos publicados en las revistas catalogadas.
Es lo que se llama el "impacto".
El sistema tiene sesgos evidentes y entre ellos uno de los más claros es que la gran
mayoría de revistas "canónicas" que sirven de base para la evaluación son
revistas que se publican en inglés y muchas de ellas en países de lengua inglesa, de
modo que estar escrita en inglés es la primera condición para que una investigación sea
considerada valiosa.
Por otra parte, y como es bien sabido, el sistema admite deformaciones y corrupciones. Una
investigación se puede descomponer en un número cada vez mayor de artículos para
aumentar tanto el volumen de publicaciones de sus autores como las posibilidades de
citación. Y dado que el trabajo en equipo justifica el que un artículo esté firmado por
varios autores el número de autores se puede "hinchar", aumentando así las
posibilidades de citación de cada uno de ellos. A lo que se puede añadir la posibilidad
de que investigadores o grupos de investigación cercanos intercambien sus citaciones o
incluso que una revista "seria" sugiera a sus colaboradores la conveniencia de
citar artículos aparecidos en la propia revista.
Pero al margen de estos sesgos y de estas corruptelas que, siendo la naturaleza humana lo
que es, resultan inevitables, lo que quiero recordar aquí es que los criterios que
utilizan las revistas científicas cualificadas para decidir la aceptación de un
artículo es su fidelidad a la metodología de las ciencias naturales. Lo cual en el caso
del conjunto de conocimientos que englobamos con el nombre de psicología tiene
consecuencias importantes y, por todo lo que vengo diciendo hasta aquí, a mi juicio
deformador. Utilizando el criterio indicado difícilmente se considerará
"científico" o relevante un texto de carácter general que considere la
psicología en su conjunto o que discuta la relación entres distintos enfoques teóricos,
o que examine un problema determinado desde diversas perspectivas conceptuales distintas.
Y lo mismo ocurrirá con textos basados en datos subjetivos o predominantemente
cualitativos o culturales y por ello difícilmente mensurables.
Se trata, si se quiere, de una manifestación más de la cuestión que centra estos
comentarios, la ambigüedad de la concepción de la psicología como ciencia y el esfuerzo
por sujetarlo a los parámetros de la ciencia natural pero en este caso el esfuerzo se
convierte en una auténtica presión social. El hecho de haber dirigido durante muchos
años una revista de psicología general me ha permitido observar directamente como tomaba
cuerpo y se robustecía esta presión. Lo que sin exageración podemos calificar de
"tiranía del impacto" no solo condiciona cada vez más el contenido de las
revistas dedicadas a la investigación psicológica sino que condiciona también, y
sobretodo, la selección y la promoción del personal investigador en psicología y
condiciona por tanto el tipo de psicología científica que se hace. Y con ello condiciona
el tipo de psicología que se enseña, pues la selección de los profesores cada vez se
centra más en su capacidad investigadora "objetivamente" evaluada.
6. LA FORMACIÓN DE LOS PSICÓLOGOS
En el marco de estas reflexiones sobre la naturaleza de la psicología voy a referirme
todavía a otra perspectiva de este mismo tema que me ha ocupado y preocupado desde el
comienzo de mi actividad docente.
El establecimiento en 1967 de la licenciatura en Psicología en las Facultades de Letras
de Madrid y de Barcelona no solo representó un incremento extraordinario de la presencia
de la psicología en el ámbito universitario sino que convirtió la psicología en una
formación profesional. Mientras que hasta entonces los que recibían enseñanza de la
psicología cursaban una licenciatura en Filosofía y se preparaban así para ser
profesores de filosofía en un centro de enseñanza media a partir de entonces los
estudiantes de Psicología serian aspirantes a ejercer un día como profesionales de la
psicología en alguna de sus diferentes aplicaciones.
No se trataba de una novedad absoluta. Desde finales del siglo XIX y comienzos del XX, la
adopción por la psicología de los métodos experimentales y la cuantificación de los
resultados provocó una renovación del estudio de los comportamientos específicamente
humanos que muy pronto abrió posibilidades de aplicación en la práctica, por ejemplo en
la orientación y en la selección profesional. Pero durante mucho tiempo fueron
profesionales formados en otras disciplinas, pedagogos y médicos principalmente, los que
utilizaron estas aplicaciones. Muy lentamente fue tomando cuerpo la posibilidad de que la
psicología se convirtiese en un ejercicio profesional con una preparación específica.
La creación de una licenciatura en Psicología en las universidades de Madrid y de
Barcelona significaba la consagración de esta posibilidad.
Esto significa que tanto Mariano Yela en Madrid como yo mismo en Barcelona como José
Luís Pinillos, por cuya influencia un tiempo después se estableció la licenciatura en
Valencia, creíamos en la posibilidad de este ejercicio profesional basado en una
preparación científica de los que se preparaban para ejercerlo. Aunque también es
cierto que ante el número cada vez más abundante de aspirantes teníamos la sospecha de
que estábamos alentando ilusiones excesivas. Hoy, con la perspectiva que dan los años
transcurridos he de reconocer que para mí ha constituido una sorpresa la rapidez con que
la sociedad española ha aceptado la profesionalización de la psicología.
Promover la implantación de la enseñanza de la psicología como una formación
profesional no solo significaba un acto de confianza en el futuro, y aun una cierta
audacia si se quiere, nos obligaba también a diseñar un plan de estadios que respondiese
a esta finalidad. Por mi parte decidí que el plan de estudios de la nueva formación
debía ofrecer a los alumnos una visión general de la psicología seria y contrastable y
por tanto científica y actual, así como de sus posibilidades de aplicación en diversos
campos, lo que a su vez implicaba asimismo la responsabilidad por definir no solo los
distintos campos de aplicación, la tríada pedagógica, social y clínica parecía
ineludible, sino por identificar el nivel de especialización en el interior de la
licenciatura. Y aunque esto escapa ya al tema de este comentario, me alegra poder decir
que desde el primer momento defendí la necesidad de mantener un título único y que
ahora, con la perspectiva que dan los años transcurridos, puedo añadir dos cosas: la
primera, que aunque en aquellos días iniciales teníamos la impresión de llevar muchos
años de retraso respecto a otros países europeos, la verdad es que en ninguna parte
existía una licenciatura exclusivamente dedicada a la psicología y que ofreciese una
preparación general que abarcase todo su campo de aplicación, y la segunda que esta
decisión inicial de mantener la unidad de la formación de base es la que ha hecho
posible la constitución de unas organizaciones profesionales -los Colegios de
Psicólogos- extremadamente potentes porque agrupan en una misma organización a todos los
que se dedican a la psicología aplicada en un territorio determinado. Lo que no ocurre en
muchos países.
Volviendo a la confección del currículo o plan de estudios resultaba fácil ponerse de
acuerdo en que debía empezar por ofrecer algunas materias propedéuticas como biología y
fisiología humana o estadística y que debía proseguir con unas asignaturas centrales
entre las que debía ocupar el primer lugar una introducción general a la psicología en
la que se ofreciese a los alumnos una visión general de los temas de que se ocupa esta
ciencia y una introducción histórica que permitiese presentar en forma sistemática las
distintas teorías o escuelas que conviven en su ámbito. Finalmente, debían incluirse
asignaturas generales como la psicología evolutiva, la social o la clínica que sirviesen
a su vez de fundamento teórico para las aplicaciones en distintos campos. Si a ello se
añaden algunas asignaturas mas especificas en función de las disponibilidades o de los
intereses del profesorado en cada lugar, creo que el esquema apuntado reproduce bastante
bien la idea que nos hacíamos de lo que debía ser la enseñanza de la psicología.
En los años transcurridos desde entonces he visto variar mucho los planes de estudio en
mi propia universidad y en todas las demás. La realidad nunca responde a las expectativas
y ante las decepciones de la práctica docente siempre es posible pensar que un nuevo plan
va a resolver las dificultades y las carencias experimentadas. Luego, a la hora de la
verdad, el nuevo plan, resultado de un compromiso entre los intereses de los individuos y
de los grupos que los aglutinan, provoca nuevas decepciones, lo que abre el camino a
nuevas discusiones y a nuevas propuestas de reforma. Pero al margen de factores locales
que hacen que los planes de estudio en las diversas universidades sean sensiblemente
distintos, en conjunto la evolución ha ido en el sentido de la substitución de las
asignaturas de carácter general por asignaturas más especializadas y centradas en una
orientación teórica o en una metodología determinada, con lo que los alumnos reciben
unos conocimientos psicológicos cada vez mas fragmentados y más difíciles de integrar
en un conjunto coherente. Paralelamente se ha aumentado la distancia entre asignaturas
centradas en la exposición de resultados de la investigación experimental y las
centradas en las aplicaciones de la psicología, aplicaciones que a su vez acostumbran a
basarse en supuestos teóricos muy diversos.
La escasa relación entre la enseñanza recibida en la Facultad y la práctica profesional
posterior es una constatación frecuente en muchas formaciones universitarias pero en el
caso de la psicología la discrepancia afecta al tema al que doy vueltas en estas paginas,
¿hasta qué punto la psicología entendida como ciencia natural nos ofrece un auténtico
conocimiento de la realidad humana? ¿Hasta qué punto puede servir de base para una
intervención que pretenda modificarla? Una anécdota que conocí hace algún un tiempo lo
pone claramente de relieve. Al término de una clase en la que el profesor había expuesto
los resultados de unos experimentos sobre memoria y reconocimiento de sílabas sin sentido
frente a la memoria y reconocimiento de palabras significativas, un alumno comentó al
profesor que no veía la relación entre el resultado de investigaciones como la que acaba
de exponer y lo que él necesitaría saber para ser un día un psicólogo experto en
problemas o conflictos de conducta. Y el profesor le sorprendió respondiéndole que para
lo que él pretendía hacer leer novelas le resultaría mas útil que no lo que él les
contaba.
Por supuesto no pretendo proponer la sustitución de la enseñanza de la psicología por
la lectura de novelas, pero sí quiero recordar que los temas de los que preferentemente
se ocupa la investigación psicológica actual con los métodos mas estrictamente
científicos, son cuestiones escasamente relevantes para abordar las conductas con las que
debe enfrentarse un psicólogo en su ejercicio profesional. Y en conjunto los estudiantes
en las Facultades de Psicología son concientes de esta distancia y tienden a acudir a
otras fuentes de información que parecen más cercanas a la práctica real. Con lo que
desde otra perspectiva se nos vuelve a plantear la cuestión que desde el comienzo anima
estas páginas: cual es el objeto de la psicología, su metodología y sus posibilidades
tanto de explicación como de aplicación.
7. LA PROFESIONALIZACIÓN DE LA PSICOLOGÍA
Para preguntarse, como acabo de hacer, por la mejor manera de formar a los psicólogos,
habría que empezar teniendo una idea clara de cuales son las tareas de las que se
encargan hoy los psicólogos profesionales y para ello no será inútil situarse en una
perspectiva histórica e intentar ver como la psicología aplicada se ha convertido en una
profesión.
Los que en la Grecia clásica iniciaron nuestra tradición filosófica, Sócrates,
Platón, Aristóteles, reflexionaron a fondo sobre la naturaleza humana y pusieron las
bases de lo que desde entonces llamamos psicología. Los resultados de sus reflexiones
podían utilizarse para orientar la propia vida y de alguna manera intentar llevar una
vida más armoniosa y, en teoría al menos, más feliz. Pero sus conciudadanos, que cada
día se reunían en el ágora de Atenas para discutir asuntos públicos y privados
difícilmente podían inspirarse en estas enseñanzas para conseguir sus objetivos. Lo que
ellos necesitaban era más bien desarrollar sus habilidades dialécticas para convencer a
sus interlocutores y para distinguir qué tipo de argumentos eran adecuados según las
distintas maneras de ser de éstos. No era en los escritos de los filósofos, sino en todo
caso en los poetas y en los dramaturgos, en los dramas y en las comedias, que podían
encontrar ejemplos de esta variedad y de habilidades para responder a ella.
Pero en la Grecia clásica no eran solo los literatos los que se interesaban por las
diferencias entre los humanos. También lo hacían los médicos a los que la experiencia
enseñaba que los individuos enfermos respondían de diferentes maneras a unos mismos
tratamientos. Y así, fue en la escuela de Hipócrates que se consagró una teoría que
permite clasificar a los individuos en cuatro grandes tipos, según su temperamento:
sanguíneos, linfáticos, flemáticos, biliosos..... cada tipo determinado por el humor
predominante en su organismo: sangre, bilis, linfa o flema. Los humores, a su vez, son
resultado de la mezcla de distintas substancias básicas: tierra, agua, aire, las que a su
vez están relacionadas con las cualidades básicas: calor, frialdad, humedad y sequedad.
En todo caso, los cuatro temperamentos determinan cuatro modos generales de comportarse.
La teoría hipocrática de los temperamentos se ha mantenido durante muchos siglos y
todavía en el siglo XVI Huarte de San Juan la utilizaba para fundamentar su propuesta de
orientación profesional.
Al lado de la teoría de los temperamentos y de los humores había otras formas de
observar a los individuos que permitían predecir su forma de comportarse y la más
popular era la fisiognomía, el intento de relacionar aspectos de la cara y del cuerpo con
determinados rasgos de carácter.
En el siglo XVIII hubo una renovación de esta creencia tradicional con una propuesta con
pretensiones científicas, la frenología que ponía en relación la forma del cráneo,
que se suponía que se correspondía con la forma del cerebro, con determinados rasgos de
personalidad. La frenología tuvo en el siglo XVIII un éxito extraordinario en muchos
lugares de Europa, un éxito prolongado en España durante el siglo XIX por obra de
Mariano Cubí.
A finales de este siglo y comienzos del xx se produce un renovado interés por las
tipologías y una de las que alcanzaron mas popularidad fue la de base psiquiátrica
introducida por Kretschmer que distingue básicamente dos tipos el leptosomático, de
formas alargadas, y el pícnico, de formas redondeadas, cada uno con características
psíquicas diferenciadas y con formas patológicas que en el leptosomático es la
esquizofrenia y en el pícnico la psicosis maniaco depresiva. Casi no hace falta añadir
que Don Quijote y Sancho pueden considerarse representantes típicos de los dos tipos.
Pero a finales del siglo XIX y comienzos del XX surge un nuevo panorama. A medida que se
populariza la experimentación de laboratorio y la cuantificación de los resultados, las
nuevas técnicas se aplican al estudio de las diferencias individuales. Es el nacimiento
de la psicotecnia con los tests mentales que permiten la identificación de factores,
inicialmente factores de inteligencia y luego una amplia gama de capacidades. Con una
técnica similar los cuestionarios de personalidad permiten identificar factores de
personalidad. En una dirección distinta se popularizan también los tests proyectivos
empezando por el Rorschach y por los mismos años proliferan los estudiosos del desarrollo
infantil, Piaget, en primer lugar, que abren nuevos caminos a la intervención en el
proceso educativo.
Con ello puede decirse que empieza propiamente la psicología aplicada. Hasta entonces se
trataba de satisfacer legitimas curiosidades, ahora se trata de aplicaciones prácticas
efectivas en distintos campos. Así las pruebas mentales servirán para el diagnóstico
clínico pero también para la selección y para la orientación profesional, para el
despistaje de deficientes mentales...
Y con la existencia de aplicaciones surgirán los centros de psicología aplicada y los
profesionales dedicados a estas aplicaciones. Dado que no existe una formación
profesional especifica se trata de personas con otras formaciones los que asumen estas
tareas. Claparede en Ginebra es pedagogo mientras Mira en Barcelona y Germain en Madrid
son médicos. Pero el camino de la profesionalización de los psicólogos está ya abierto
Sin embargo para entender la formación del campo actual de actuación del psicólogo hay
que tener en cuenta todavía otro factor. Es la aparición y la difusión del
psicoanálisis.
Freud era médico y el psicoanálisis se desarrolló como un método terapéutico para
atender a trastornos que la medicina centrada en el organismo no era capaz de resolver,
pero la práctica del psicoanálisis, y así lo reconoció pronto el propio Freud, no
implica la formación profesional del médico sino que requiere una formación
específica. Y entre los primeros psicoanalistas abundaban los médicos pero había
también "laicos". Y cuando aparecieron escuelas psicoanalíticas distintas de
la de freudiana esta separación fue todavía mas fuerte, Desde los comienzos, tanto la
escuela de Jung como la de Adler se traducían también en prácticas terapéuticas y
luego aparecieron otras orientaciones, así el psicoanálisis existencial, o más cerca de
nosotros la escuela de Lacan. En todo caso, lo importante es notar que en cualquiera de
sus formas las terapias psicoanalíticas, o más simplemente psicológicas, durante el
periodo entre las dos grandes guerras, o sea en la primera mitad del siglo XX, se
extendieron por muchos países lo que a su vez coincidió con la difusión de propuestas
de asesoramiento y de terapias exclusivamente psíquicas de muy diversas procedencias.
Un cambio tan importante no puede atribuirse solo a los méritos del psicoanálisis como
terapia por lo que hay que pensar en razones más generales que afectan al conjunto de la
sociedad. La difusión de las terapias psicológicas coincide con una época de cambios
sociales muy profundos en los que las estructuras tradicionales de la sociedad se
resquebrajan y ello afecta en primer lugar a las estructuras familiares. El matrimonio
pierde su solidez y la educación de los hijos se hace cada vez más problemática. Y
simultáneamente pierden prestigio también las instancias religiosas, que
tradicionalmente han sido capaces de asesorar porque se consideran en situación de
aclarar el sentido de la existencia.
Cuando iniciamos la licenciatura en psicología en la Universidad de Barcelona estos
cambios solo estaban empezando a producirse entre nosotros. Por mi parte pensaba que
existía un espacio abierto para los futuros psicólogos profesionales, aunque un espacio
que imaginaba bastante limitado. Suponía que nuestros alumnos encontrarían trabajo como
psicólogos escolares, bien como asesores de los propios centros bien asesorando a los
padres con hijos problemáticos e incluso colaborando en la educación. Y creía asimismo
que algunos seguirían la especialidad de psicología clínica, lo que les permitiría
colaborar con los médicos participando en el diagnóstico como en el tratamiento de
sujetos con trastornos psíquicos. Y finalmente pensaba que la psicología industrial
permitiría que algunos encontrasen trabajo en los departamentos de personal de empresas
importantes, no solo para hacerse cargo de la selección de los nuevos empleados sino
también de tareas de formación en todos los niveles.
La realidad ha desbordado ampliamente todas mis previsiones en este sentido. En la
actualidad hay psicólogos trabajando en departamentos de psiquiatría de grandes
hospitales, pero también hay psicólogos en las unidades de cuidados paliativos y en las
clínicas que atienden a grandes lesionados medulares. Y hay psicólogos en las cárceles,
y en algunos casos sus actuaciones son decisivas, igual como los hay en los departamentos
públicos que autorizan o controlan las adopciones y en muchos otros lugares de la
administración pública. Y no solo hay psicólogos en los departamentos de personal de
grandes empresas, sino en departamentos dedicados a la publicidad o a la atención al
cliente. Y los hay en las organizaciones deportivas para estimular el rendimiento o la
integración en el grupo de los deportistas. Y al lado de estos puestos de trabajo más o
menos institucionalizados hay una gran cantidad de psicólogos que ejercen su actividad
profesional abiertos al publico que solicita sus servicios de asesoramiento y de terapia
en los campos más diversos, problemas de conducta, conflictos familiares, preocupación
por los hijos... Y todavía más significativo que el número de personas dedicadas
profesionalmente a este menester es el hecho de que ante una persona que se enfrenta con
problemas difíciles de resolver o de soportar hoy se considera normal aconsejarle que
acuda a un psicólogo, algo que hace cincuenta años habría sido impensable. De manera
parecida y no menos significativa actualmente cuando se produce un acontecimiento
catastrófico se solicita su ayuda. Cuando ocurrieron los atentados del 11 de marzo en
Madrid se produjo una movilización de médicos y de psicólogos, los médicos para
atender a los heridos y los psicólogos para atender tanto a los que sin estar heridos
acusaban las consecuencias del choc como a los parientes de las victimas que acababan de
conocer su pérdida.
Todo lo cual nos permite una conclusión. En la actualidad la psicología es una
profesión ampliamente reconocida y que requiere una formación seria y un buen nivel de
especialización. Pero además hay que notar que en la mayoría de los casos los
psicólogos se enfrentan con problemas y dificultades que ponen en juego el conjunto de la
conducta de la persona atendida. Y por tanto que el psicólogo ha de tener alguna idea
sobre el conjunto de la conducta humana, sobre sus objetivos y su funcionamiento.
LA PSICOLOGÍA COMO CIENCIA
8. EL PARADIGMA CIENTÍFICO Y SUS LÍMITES
Por activa y por pasiva, desde muy diversas perspectivas en las
páginas anteriores, he llegado varias veces a la misma conclusión, la psicología
continúa sin haber ingresado en el "seguro camino de la ciencia", sigue siendo
una disciplina que ofrece una pluralidad de conocimientos conseguidos a partir de la
metodología científica pero que responden a enfoques teóricos muy diversos y al mismo
tiempo sigue existiendo una clara falta de relación entre la investigación y sus
aplicaciones en la práctica. Ha llegado el momento de que me descare y cogiendo el toro
por los cuernos diga claramente si pienso que hay que abandonar esta metodología y
substituirla por otra.
La bibliografía sobre los fundamentos de la ciencia en el sentido moderno de la palabra,
la ciencia natural si se quiere, es relativamente abundante, y al narrar como llegué a la
conclusión de que el conductismo era la psicología más digna del calificativo de
científica ya he señalado sus rasgos principales. Aquí voy a intentar hacerlo desde una
perspectiva más original y que a mí me parece importante, la concepción de la ciencia a
la que pretendía sustituir la "nueva ciencia" de Galileo y de Newton y que era
precisamente la que había formulado Aristóteles y su escuela a partir del siglo V antes
de Cristo.
A lo largo de este largo periodo de tiempo la filosofía de la ciencia aristotélica
había sido adoptado por judíos, cristianos y musulmanes para formular sus creencias en
términos racionales de manera que cuando en la madurez de la Edad Media, a finales del
siglo XII, surgen las Universidades, la base de su enseñanza está constituida por la
física y la metafísica de Aristóteles aunque el conjunto esté al servicio de la
teología. Y es en el seno de las universidades y en el interior de la ortodoxia que se
produce en los siglos XV y XVI una crítica de la teoría de la abstracción que lleva a
dudar de la realidad de los conceptos abstractos y a creer que no hay más realidades que
los seres individuales y las palabras concretas que los significan, de aquí el nombre de
nominalismo. Paralelamente, en las Facultades de Artes de estas mismas Universidades, que
es donde se estudiaba la física, entendiendo por física el conjunto de la ciencia
natural, se lleva a cabo coincidiendo con el impulso nominalista una vindicación del
conocimiento experimental y de la deducción de leyes no a partir de la deducción
conceptual sino de la experimentación. De modo que cuando Galileo y Newton y muchos otros
dieron cuerpo a la "nueva ciencia", lo que hacían era recoger los frutos de
esta lenta elaboración en contra de la deducción abstracta y a favor del conocimiento
experimental. Todo lo cual llevaba a una concepción del conocimiento científico muy
distinta de la que había propuesto Aristóteles y en general la filosofía griega que no
desconocía la observación y la experimentación pero la integraba en un conjunto muy
distinto.
Simplificando mucho yo diría que las ideas de
Aristóteles sobre el conocimiento científico podrían resumirse así:
1º. Toda la realidad es racional y ello hay que entenderlo en un doble sentido por un
lado porque la estructura de la realidad es racional y al mismo tiempo porque nuestra
razón participa de esta racionalidad universal y es por tanto capaz de investigarla y de
proporcionarnos un conocimiento adecuado de la realidad.
2º. La realidad existente y cognoscible constituye un conjunto estructurado y
jerarquizado con distintas categorías de seres y distintos niveles de conocimiento.
3º. En la naturaleza de cada ser podemos distinguir dos elementos constitutivos, la
materia y la forma. La materia sin forma es la pura posibilidad y nunca existe sin alguna
forma. La forma, que en nuestro lenguaje moderno podríamos traducir mejor por
"estructura", es lo que hace que un ser sea lo que es, lo que explica sus
características. Hay distintas categorías de formas y con ello de seres. En los seres
inertes, así los minerales, la forma es simplemente la disposición de sus partes en el
espacio tanto externo como interno. Los seres vivos y en primer lugar los vegetales tienen
una forma más compleja, mas estructurada que produce cambios que tienen una finalidad
propia. Los animales tienen una forma o estructura o alma si se prefiere, más compleja
todavía, que les permite tener sensibilidad y autonomía de desplazamiento al servicio de
sus propios fines. Finalmente, el ser humano tiene una forma, o estructura o alma, como se
la prefiera llamar, que no solo le permite tener fines propios sino tener un conocimiento
intelectual al servicio de estos fines.
4º. Además de ser distintos y jerarquizados, los seres actúan continuamente unos sobre
otros y esta actuación y los cambios que de ellos resultan se pueden atribuir a dos tipos
de causas, la causalidad eficiente y la causalidad final, o sea el término al que se
dirige la acción. Esta dualidad de causas se encuentra en todos los seres incluso en los
inertes. Cada cosa exclusivamente material tiene un lugar natural al que tiende por si
misma, y así las cosas más pesadas que el aire abandonadas a si mismas tienden a caer, a
dirigirse al suelo que es su lugar natural, mientras que las menos pesadas que el aire,
así el humo se dirigen espontáneamente hacia lo alto. En los vegetales, la causa final,
estrechamente ligada a su forma produce los cambios que tienen por finalidad su
conservación y su reproducción. En los animales, la finalidad de sus acciones se
manifiesta en la satisfacción instintiva de sus necesidades vitales, que les permite,
como en los vegetales, su conservación y su reproducción. Y en los seres humanos, a la
satisfacción de estas necesidades biológicas se añaden objetivos éticos y en
definitiva la búsqueda de la felicidad.
Frente a esta concepción aristotélica de la ciencia el paradigma moderno se puede
resumir en dos puntos principales:
1º. Renuncia a distinguir en los seres existentes entre la materia y
la "forma". Toda la realidad está constituida por materia distribuida de
diferentes maneras en el espacio. Ello implica renunciar a pensar en un universo
jerarquizado, con distintas categorías de seres. Todo lo existente se explica del mismo
modo y a partir de unos mismos principios.
2º. Renuncia a aceptar la finalidad como causa. Todos los cambios en lo existente se
explican exclusivamente a partir de la causa eficiente, o sea a partir de la situación en
el momento anterior.
Que la ciencia que se apoya en esta concepción del conocimiento científico ha conseguido
resultados extraordinarios es evidente. No solo nos ha ofrecido una explicación coherente
y comprensible de la estructura de la realidad que cada vez es más amplia sino que lo ha
traducido en un desarrollo técnico espectacular que ha puesto a la naturaleza al servicio
del hombre y aun cuando esto se está convirtiendo en abuso incluso los abusos confirman
la realidad del dominio. De modo que la validez del conocimiento científico esta lejos de
cualquier duda.
Pero no todo han sido ventajas. La concepción clásica del conocimiento, la filosofía de
Platón y de Aristóteles ofrecía posibilidades que la ciencia en el sentido moderno ha
devaluado. Me limitaré a citar tres.
1. Para el pensamiento clásico la razón humana podía aplicarse a cualquier esfera de la
realidad y por tanto igual servia para investigar los seres de la naturaleza como para
discutir sobre ética o sobre estética. La ciencia que solo admite la experimentación
mensurable no tiene acceso a estos mundos. Lo cual ha tenido consecuencias culturales
paradójicas. La progresiva expansión de los conocimientos científicos ha coincidido con
un progresivo decaer de la religión, lo cual ha obligado a buscar fundamentaciones
exclusivamente racionales de la moral y ésta ha sido tarea de la filosofía europea sin
que en definitiva se haya logrado ningún acuerdo. Nuestra desorientación actual en
cuanto a los fundamentos éticos de nuestra acción es buena prueba de ello sin que la
ciencia pueda ofrecernos ayuda en este terreno.
2. Notemos, en segundo lugar, que el pensamiento clásico permitía una concepción global
del mundo que tenia algún sentido, un sentido global que en el mundo moderno y a medida
que declinaba la interpretación religiosa, se concretaba en la idea de progreso. Si algo
caracteriza al racionalismo europeo es su creencia en el progreso de la humanidad. Y
cuando se introduce la teoría de la evolución el progreso parece más evidente. Pero
justamente esta idea no tiene nada de científica. Resulta curioso constatar que cuando
Darwin formuló la teoría evolucionista sus más decididos partidarios y propagadores
consideraban que lo que tradicionalmente se había atribuido a Dios era en realidad una
propiedad de la naturaleza que no solo era creadora sino que era una creación progresiva
y que la selección de los más aptos era el mecanismo del progreso. Y todavía hoy los
teóricos de la evolución nos tienen que recordar que frente a la ingenua creencia de que
la evolución representa un progreso ésta ni avanza en una dirección ni implica ningún
juicio de valor. Los juicios de valor son ajenos a la ciencia.
3. Y en tercer lugar el pensamiento clásico consideraba que el hombre a través de su
razón era capaz de descubrir y de alcanzar su puesto en la armonía universal y de
integrarse así en la totalidad. Es la ascensión del alma al mundo de las ideas que
enseñaba Platón, la aspiración a la felicidad a través del conocimiento aristotélico
o la disolución de la pluralidad en la unidad que enseñaban los neoplatónicos. En
cambio, para la ciencia la pregunta por el sentido de la existencia individual no tiene
sentido. Los átomos que durante una temporada han actuado juntos con la muerte del
individuo se separan para reagruparse y formar nuevos individuos. La pregunta sobre el
sentido de la existencia no tiene cabida en el ámbito de la ciencia.
No es este el lugar apropiado para desarrollar un tema de tanta enjundia que afecta al
sentido de nuestra cultura y que está en el fondo de las crisis de identidad de nuestro
tiempo. Me he limitado a recordarlo para dejar claro que el conocimiento científico no es
el conocimiento universal sino que tiene unos limites muy concretos. Pero lo que aquí me
interesa es observar qué representan estos límites para la constitución de una ciencia
de la conducta humana. Y la verdad es que lo que hay que decir es muy simple.
Para estudiar científicamente la conducta humana, para construir una psicología
científica, no basta con mantenerse fiel a la metodología científica y por tanto al
método experimental. Hay que tener en cuenta también las dos condiciones que antes he
señalado
Uno. El ser humano no tiene propiedades esencialmente distintas de las de cualquier otro
ser de la naturaleza. Está compuesto por elementos materiales distribuidos de diferentes
maneras en el espacio. Y es esta distribución, o esta organización de los elementos
materiales lo que determina todo lo que hace.
Dos. Para explicar los cambios que constituyen el comportamiento humano solo se puede
acudir a las causas eficientes, lo que implica la situación inmediatamente anterior. Hay
que renunciar por tanto a considerar la intencionalidad como causa.
Lo cual a primera vista no parece nada facil. En el caso de la caída de los graves, un
tema central de las innovaciones tanto de Galileo como de Newton, renunciar a decir que la
piedra o la manzana caen porque se dirigen hacia su lugar natural que es el suelo para
decir que caen porque obedecen a la ley de la gravedad que es la que impulsa su
desplazamiento no parece tan difícil. Pero decir del hombre que vemos andar por la calle
no lo hace porque se dirija a algún lugar sino que cada uno de sus movimientos es el
resultado necesario de su situación en el momento anterior, resulta difícil de imaginar.
Claro que en tiempos de Galileo y de Newton nadie pensaba en aplicar la nueva ciencia a la
conducta humana pero la tentación debía llegar. Los racionalistas materialistas, como La
Metrie, que en el siglo XVIII explicaban el comportamiento humano como el de una máquina
expresaban más bien un deseo que no el resultado de conocimientos científicos, pero su
esperanza era perfectamente coherente: creían que el avance de la ciencia acabaría por
darles la razón. El conocimiento exhaustivo del funcionamiento del cuerpo humano
explicaría todos sus comportamientos. Y este es el dato principal a tener en cuenta: la
psicología rigurosamente fiel a los principios y a la metodología de la ciencia natural
es simplemente la psicología fisiológica que explica todos los comportamientos humanos
desde sus bases fisiológicas.
Sé que al decir esto hago una afirmación muy grave y como muestra de que soy consciente
de su gravedad la repito: La única psicología rigurosamente coherente con los principios
y los métodos de la ciencia en el sentido en que se ha entendido en occidente es la
psicología fisiológica, la que se propone explicar todos los comportamientos humanos
desde su base fisiológica. Claro que en la actualidad y a pesar de los avances de la
fisiología estamos muy lejos de este objetivo pero puede considerarse que es solo
cuestión de tiempo.
Ahora bien, esta reducción a la fisiología ¿merecería efectivamente el nombre de
psicología?, ¿nos permitiría entender la conducta de un individuo? ¿Nos permitiría
responder a las necesidades del que hoy acude al psicólogo en busca de asesoramiento o de
terapia? Mi opinión es que no pero dejo para mas adelante abordar el tema. Ahora voy a
fijarme en el hecho de que a pesar de que la reducción de la psicología a la fisiología
está lejos de nuestras posibilidades tenemos no una sino diferentes escuelas
psicológicas y diferentes campos sectoriales de conocimientos psicológicos que pretenden
unos y otros el calificativo de científicos.
9. UN PANORAMA VARIADO
Cuando en los días del Renacimiento la mecánica -terrestre y celeste-
se convertía, por obra de Galileo y de Newton, en el conocimiento por antonomasia y en la
base de la "nueva ciencia" su campo de aplicación era muy reducido. Todavía
durante mucho tiempo la alquimia ocupó el lugar que hoy atribuimos a la química mientras
la botánica y la zoología siguieron limitándose a la descripción y la clasificación
de especies. Y a nadie se le habría ocurrido explicar el comportamiento humano desde la
mecánica. Como acabo de recordar fue solo en siglo XVIII en pleno apogeo del racionalismo
que unos ideólogos franceses se propusieron explicar el comportamiento humano como el de
una máquina pero se trataba mas bien de un objetivo lejano que algún día habría que
alcanzar.
Pero al mismo tiempo a medida que aumentaba el prestigio de la ciencia natural y de sus
métodos crecía el deseo de conseguir un conocimiento del hombre que ofreciese similares
garantías. Y entre los caminos que se ensayaron sobresalen dos. Uno consistía en recoger
la vieja tradición de la psicología diferencial, la teoría hipocrática de los
temperamentos que pone en relación las diferencias en el comportamiento de los individuos
con diferencias en el organismo, y modernizar esta tradición a partir de datos
empíricos. Es lo que hizo la frenológica relacionando la forma del cráneo de los
sujetos con diferentes características psíquicas. Una base científica objetivamente
bien endeble pero que tuvo un gran éxito social. El otro camino fue el abierto por el
asociacionismo inglés. Los filósofos empiristas ingleses habían decidido que los
conceptos abstractos eran solo asociaciones de imágenes y éstas a su vez rastros de
sensaciones percibidas por los sentidos. Si las imágenes eran como los ladrillos de todas
las construcciones psíquicas era posible imaginar una ciencia paralela a la física pero
centrada en la vida psíquica de tal modo que lo que para la física son los átomos para
la psicología son las imágenes. Se trata entonces de descubrir las leyes por las que las
imágenes se combinan para construir nuevas estructuras psíquicas y de las que las leyes
de asociación de imágenes son la primera muestra. La psicología así entendida será
una psicología rigurosamente empírica, opuesta a la tradicional psicología filosófica
y especulativa pero a su vez será una ciencia independiente irreducible a la física.
El intento de crear una psicología asociacionista tuvo una vida corta pero en cambio el
reconocimiento de que la introspección, el testimonio de la propia conciencia, era una
fuente datos para la psicología se generalizó y se definió la psicología como la
ciencia de los hechos de conciencia. Y efectivamente algunos de las figuras señeras de la
psicología moderna participaban plenamente de esta idea. William James puede ser un
ejemplo bien representativo. Y cuando se introdujo la preocupación por la medida como
propugnaba Galton, o cuando se predicó la necesidad de la experimentación como hacia
Wund, no se vio ninguna dificultad en combinar experimentación, medida e introspección
en una metodología común.
Tal como han ido después las cosas tendemos a olvidar el papel que ha jugado la
introspección en la constitución de la psicología como una ciencia rigurosa. De Binet
por ejemplo solo recordamos que fue el introductor de los tests de inteligencia para medir
la edad mental de los sujetos y olvidamos que el tema al que dedicó la mayor parte de sus
esfuerzos era justamente el análisis de datos introspectivos, la manera como planeaban
sus jugadas los jugadores de ajedrez "a ciegas" o las grandes diferencias que
presentaban sus dos hijas en la forma de representarse imaginariamente unos mismos hechos.
Durante un tiempo la introducción de la experimentación y de la medida en la psicología
produjo tantos datos nuevos que pareció que la psicología había entrado definitivamente
en el camino de la ciencia, que ya era una ciencia como las otras. La verdad era que los
datos puestos de relieve con las nuevas metodologías se interpretaban desde perspectivas
muy diversas y con concepciones muy variadas sobre lo que sea el objeto propio de la
psicología y su forma de explicación. La psicología objetiva o la reflexologia, el
conductismo, la psicología de la forma, la psicometría, el personalismo, el
psicoanálisis... eran otras tantos enfoques claramente diferenciados. Y a lo que se
añadía la proliferación de psicologías sectoriales: evolutiva, diferencial, social...
cada una de las cuales admitía a su vez distintos planteamientos.
La "crisis de la psicología"
Tal abundancia de planteamientos diversos podía interpretarse como una muestra de
vitalidad de la nueva ciencia pero hacia inevitable el conflicto. ¿Que es realmente la
psicología como ciencia?, ¿cuales son sus limites?. Es lo que se conoce como la
"crisis dela psicología" denunciada en 1927 por Buhler en un celebre texto pero
que en realidad llevaba varios años gestándose.
La crisis puede definirse de diferentes maneras y la primera y más evidente se refiere a
la legitimidad de la introspección como metodología científica. Watson hacia ya un
tiempo que se había adelantado negando que se pueda tenerla en cuenta a la hora de
establecer una psicología científica y esta opinión radical obligaba a las demás
posturas a definirse. Pero a ello debe añadirse que efectivamente entre los propios
cultivadores de la introspección se tuvo la impresión de haber llegado al limite. La
llamada "escuela de Wurzburg" se planteaba como problema principal de la
psicología el aclarar como pensamos y más concretamente en que consiste el pensamiento
abstracto. Si intentamos analizar introspectivamente nuestros procesos de pensamiento
advertimos por un lado imágenes y por otro palabras pero el concepto abstracto, y más
todavía la relación entre dos conceptos, es algo más y algo distinto de las imágenes
evocadas y de las palabras internamente pronunciadas. Así la introspección topaba con
sus propios límites.
La crisis puede explicarse de otra manera, no opuesta sino complementaria de la anterior.
El pensamiento romántico alemán había difundido la idea de que cada colectividad humana
y más concretamente cada nación posee un espíritu ("geist") colectivo que
puede llamarse por ello espíritu nacional que se manifiesta en cada una de sus
actividades, la forma de pensar y de organizarse, la historia, el arte, la literatura... y
por supuesto el lenguaje. Fue Herder quien en primer lugar difundió estas ideas, Humbolt
insistió en la estrecha relación entre la lengua y el espíritu colectivo, Fiche
formuló sus implicaciones políticas...
En la Alemania del siglo XIX la palabra "Geist" no solo se usó en este sentido
sino que era ampliamente utilizada en filosofía y en el pensamiento de Hegel ocupa un
lugar central. Lo cual plantea muchos problemas a la hora de traducirlo a otras lenguas,
en español la palabra "espíritu" parece una traducción apropiada pero en
inglés encontrar una palabra equivalente resulta muy difícil. En todo caso la
popularidad de geist pronto hizo que se distinguiese entre las ciencias de la naturaleza
-naturwisenshaft- y ciencias del espíritu -geisteswissenshaft- entendiendo por ellas las
que tienen por objeto actividades superiores del hombre: filosofía, ética, arte,
literatura, lingüística... Fue Windelband en un discurso célebre quien en 1894
consagró esta distinción añadiendo que los dos tipos de ciencias no solo tenían
objetos distintos sino finalidades distintas, las ciencias de la naturaleza son
"nomográficas", buscan enunciar leyes, mientras las ciencias del espíritu son
"ideográficas", describen singularidades. Unos años después Rickert en un
libro también muy celebrado "Ciencia cultural y ciencia natural" cambió la
denominación de ciencia del espíritu por la de ciencia cultural. Y añadió que las
ciencias naturales se ocupa de realidades mensurables mientras que las ciencias de la
cultura tienen en cuenta valores. Finalmente Dilthey (1833-1911) añadió a las
diferenciaciones ya citadas la distinción entre "explicar" propio de las
ciencias naturales y "comprender" propio de las ciencias del espíritu o de la
cultura. Cada uno de los autores citados tiene además sus propias ideas sobre el lugar en
el que debe situarse la psicología y la mayoría de los que he citado, y entre ellos el
propio Dilthey, admiten una doble psicología en parte ciencia natural y en parte ciencia
cultural.
Pero lo importante es lo que pensaban los propios psicólogos que a finales del siglo XIX
y comienzos del XX con tanto entusiasmo se habían lanzado a la experimentación de
laboratorio y a la cuantificación de los resultados. Y no creo exagerado decir que para
la mayoría de ellos la necesidad de pronunciarse ante esta disyuntiva constituyó la
esencia de la llamada crisis de la psicología.
Enfrentados con la disyuntiva, la mayor parte de ellos consideraban que lo que hacían era
una ciencia natural pero se sentían inseguros a la hora de justificar su recurso a la
introspección que el conductismo rechazaba de plano. De manera que en definitiva quien
salió ganando de la crisis fue el conductismo. Y esta es la situación con la que nos
encontramos los que colaborábamos en el Departamento de Psicología Experimental y así
fue como llegamos a la conclusión de que el conductismo era la auténtica psicología
científica, pero añadiendo que nos habría gustado compensar su tendencia a reducirlo
todo a elementos con la contrapartida de una psicología, como la llamada de la gestalt o
de la forma, que insistía en situar las estructuras por encima de los componentes
aislados.
Pero el tiempo todo lo cambia. Cincuenta años después la posición hegemónica en el
campo de la psicología científica hoy la ocupa el cognitivismo. Y los que quisieran
compensar sus limitaciones piensan en las ideas de Vigotsky y, más concretamente, en la
llamada psicología cultural inspirada en las ideas del psicólogo ruso. Y esto merece
algún desarrollo.
10. LA PSICOLOGIA CULTURAL COMO ALTERNATIVA
W.Wund (1832-1920) es considerado, a justo título, como el introductor de la
experimentación en psicología y sin embargo en los últimos treinta años de su vida
solo se ocupó de lo que él denominaba "wolkerpsychologie", "psicología
de los pueblos" y a este tema dedicó la mayor parte de su producción escrita. Pero
Wund no era el iniciador de esta disciplina. Uno años antes, en 1860 Moritz Lazarus
(1824-1903) había sido nombrado profesor de psicología de los pueblos en la Universidad
de Berna. Y Lazarus tenia una ida muy clara sobre lo que pretendía con esta disciplina.
Desde la más remota antigüedad han existido autores que al referirse
a los distintos pueblos o culturas que pueblan la tierra les han atribuido formas de
conducta diferenciales y que han atribuido estas características bien a razones
fisiológicas ligadas a la raza, bien a razones ambientales, por ejemplos climáticos.
Desde el descubrimiento de América y las grandes aventuras geográficas la curiosidad por
los pueblos extraños había aumentado pero en conjunto se mantenía la idea de la unidad
de la naturaleza humana y de una ascensión progresiva del estado salvaje a la
civilización y a la cultura que por principio se entendía que era única. En el apartado
anterior de este comentario he recordado como con el comienzo del pensamiento romántico
esto cambia. Herder consagra la idea de que cada pueblo tiene sus propias formas de
actuar, su propia cultura. La innovación de Lazarus consiste en hacer notar que todas
estas manifestaciones del espíritu de un pueblo aunque sean hechos colectivos son
primariamente hechos psíquicos. La psicología será entonces una ciencia que se ocupa de
las funcione mentales superiores, las que dan origen a las actividades propiamente
humanas.
He citado ya a Dilthey, probablemente el autor que en este campo ha tenido mayor
influencia. Familiarizado en sus comienzos con la psicología experimental su interés por
la historia y el arte le hizo caer en la cuenta de las limitaciones de la psicología que
se hacía en los laboratorios aunque siguió afirmando su valor pero al lado de esta
psicología "explicativa" proponía una psicología que ilustrase las
realizaciones superiores del hombre. Frente a la tradición de una naturaleza humana
inmutable entiende que la naturaleza humana se constituye en el curso de la historia y que
cada individuo forja su personalidad en contacto con los demás Dilthey imagina una
psicología futura que mostrará como surgen las diversas dimensiones de la cultura y que
será el fundamento común de las ciencias del hombre o del espíritu.
Y efectivamente las ideas de Dilthey influyeron en un cierto numero de autores que
intentaron una psicología propiamente comprensiva. Es el caso de obras como
"Psicología de la edad juvenil" o "Formas de vida" de Spranger o
"Esencia y formas de la simpatía" de Max Scheler, obras que la Revista de
Occidente popularizó en España.
La innovación más conocida de Dilthey es la distinción entre dos clases de
conocimiento, la "explicación" propia de las ciencias de la naturaleza que
procede por razonamiento y descubre regularidades normativas y la "comprensión"
propia de las ciencias de la cultura. La comprensión se apoya en la vivencia de un
acontecimiento, comprendemos la hostilidad de un contrincante, el gesto amoroso de una
madre acariciando al niño, la belleza de un cuadro.. Porque en algún modo lo
experimentamos en nuestro propio interior. La comprensión no es simplemente una
intuición porque puede avanzar y profundizar pero que no demostrando sino que pone en
relación una experiencia concreta con una totalidad más amplia.
En sus últimos años y intentando aclarar el mecanismo de la comprensión lo pone en
relación con la hermenéutica que por entonces se estaba divulgando.
La crisis de la psicología a la que repetidamente he aludido dejó al margen de la
corriente general de la psicología a estos intentos de justificar una psicología al
margen de la ciencia natural, una psicología que se pretendía estrictamente empírica
pero que no proponía una reducción fisiológica ni una interpretación elementalista,
pareció quedar definitivamente olvidado. El lecho de que hubiese sido estrictamente una
aventura europea y en buena parte germánica con repercusiones en el mundo latino
contribuía a este olvido. En el mundo anglosajón y especialmente en Norteamérica la
aventura había tenido escasa influencia y con la debacle de la guerra la aventura
pareció definitivamente liquidada..
Pero la historia desborda todas las simplificaciones.
La obra de Vigotsky
En la década de los 20, cuando la controversia sobre los fundamentos y la naturaleza de
la psicología era muy viva, especialmente en Alemania, Vigotsky, un joven ruso interesado
por la pedagogía y por la psicología llegó a la conclusión de que la psicología
reflexológica de Paulow que con la revolución había pasado al primer plano no podía
considerarse una explicación marxista dela mente humana. La mente surge en la relación
dialéctica entre el organismo y la sociedad en la que un individuo humano se desarrolla.
La auténtica explicación psicológica no consiste en explicar las actividades mentales
desde la fisiología ni en suponer una sustancia espiritual sino en mostrar como la vida
mental del individuo surge y se desarrolla al contacto con la sociedad concreta en la que
se encuentra el individuo humano. Sean o no concientes de lo que están haciendo los que
rodean al niño asumen esta tarea de estimular la vida mental del niño y en este proceso
juega un papel fundamental la adquisición del lenguaje por parte del niño. El niño
empieza a hablar comunicándose con los que le rodean pero al mismo tiempo interioriza el
lenguaje y adquiere así un instrumento para pensar la realidad y poner al servicio de sus
objetivos. Y al mismo tiempo el lenguaje no es neutro, es el lenguaje de una sociedad
concreta con un determinado sistema de valores que el niño recibe con el lenguaje y ante
lo cuales mantiene la posibilidad de rebelarse.
En 1930 Vigotsky había avanzado bastante en la formulación de estas ideas y se presentó
la ocasión de probarlas empíricamente. Dentro de los planes de Stalin de revalorizar las
tierras de Siberia se decidió mandar a algunos psicólogos para que evaluasen la
capacidad intelectual de sus habitantes. Luria amigo y discípulo de Vigotsky se hizo
cargo de esta tarea en Uzbekistán. Para ello seleccionó varios grupos que representaban
diferentes estadios de educación entre los habitantes, desde mujeres analfabetas y que
vivían en aldeas alejadas a adultos alfabetizados en cursos paralelos al trabajo y,
finalmente, adolescentes que habían recibido una enseñanza escolar completa y les
propuso tareas intelectuales planteadas en términos que pudiesen comprender porque
estaban relacionadas con su propia situación. Los resultados no dejaban lugar a dudas, la
capacidad de resolver tareas mas o menos abstracta estaba claramente en relación con la
competencia lingüística y en primer lugar con el dominio de la escritura.
Aunque los resultados del trabajo de Luria fuesen perfectamente razonables y respondían a
las intenciones de quienes lo encargaron esto no quiere decir que las ideas de Vigotsky
sobre la psicología se hiciesen populares en Rusia, todo lo contrario su maestro Vigotsky
murió poco después y sus ideas fueron prácticamente olvidadas y si Luria acabó siendo
reconocido fue sobre todo por su labor como psiconeurólogo.
Silenciada en su propio país y desconocida en el exterior la obra de Vigotsky parecía
destina al olvido pero la historia tiene sorpresas. Hacia... algunos psicólogos
americanos, Brunner entre ellos, tuvieron noticia de sus escritos y promovieron su
traducción y su publicación y los resultados sorprendieron a los propios iniciadores, la
obra de Vigotsky despertó una atención general y encontró partidarios decididos. La
razón de este éxito en mi opinión es facil de identificar.
Como he dicho repetidamente a lo largo de este comentario a partir de cierto momento el
cognitivismo ocupó el papel central de la escena psicológica. Y como he dicho también
sus ventajas son evidentes pero también sus limitaciones. Su dificultad para explicar el
origen de la conciencia y de la intencionalidad, cómo el sujeto entra en contacto con
otros y se integra en una colectividad. Pero ninguna de las teorías psicológicas que
más o menos se mantenían vigentes era capaz de servir de alternativa al cognitivismo y
de llenar sus limitaciones. En cambio la enseñanza de Vigotsky parecía que si que podía
servir de alternativa y mejor todavía de complemento si se lograba combinarlas de alguna
manera.
Por mi parte, y como también he recordado al comienzo de este comentario, yo creía que
había que explicar la génesis del lenguaje en el niño en forma genética al estilo de
Piaget pero no considerándolo un subproducto de su desarrollo intelectual sino al revés
como resultado de su comunicación con los que le rodeaban. De manera que es facil de
imaginar que mi simpatía por las ideas de Vigotsky en cuanto las conocí fue inmediata y
creo contarme entre los primeros que en España procuraron divulgarlas.
A la coincidencia en lo que yo consideraba el problema fundamental de la psicología, la
constitución del individuo como sujeto consciente, se añadían todavía otros motivos de
simpatía. La comprobación de las teorías de Vigotsky no se podía hacer a partir de
experimentos de laboratorio sino observando el comportamiento de los sujetos en
situaciones cercanas a la realidad cotidiana y ya he dejado claro mis objeciones a la
experimentación "pura" en psicología. Mas todavía, la esencia de los procesos
que intenta aclarar Vigotsky son procesos educativos y todos los esfuerzos por poner en
práctica ideas vigotskianas se traducen en intentos de renovación educativa. y por
muchas razones la educación ha estado en el centro de mis preocupaciones. No en balde he
sido durante muchos años director de un Instituto de Ciencias de la Educación.
Pero una vez dejada clara mi simpatía de principio he de exponer también las razones por
las que no creo que sea posible sustituir el cognitivismo por la psicología cultural, ni
tan solo creo posible una amalgama entre las dos perspectivas.
11 LOS LIMITES DE LA EXPLICACION VIGOTSKIANA
A diferencia de tantos intelectuales filomarxistas para Vigotsky el marxismo no es un
comodín ni una escapatoria sino que recibe de él su impulso profundo, el comportamiento
humano no puede explicarse solo desde la fisiología ha de explicarse también desde la
sociedad. Pero aparte de este primer impulso poco más puede ofrecerle la doctrina de
Marx. Pues Marx cree que toda la realidad es material y ha de ser explicada desde la
ciencia natural y cree al mismo tiempo que la historia de la humanidad es la historia de
las relaciones de producción y con ello de dominio y de dependencia, una historia de
lucha de clases formulada en términos dialécticos de conflictos y de síntesis que
llevan a nuevos conflictos hasta la resolución final. Pero sobre el papel que representa
el individuo como enlace entre la naturaleza y la sociedad poco dice la ideología
marxista de manera que Fromm tenia razón afirmar que la psicología era el talón de
Aquiles del marxismo. Y es muy significativo que mientras ha habido intelectuales
marxistas que han descollado en muchos campos de las ciencias de la cultura: en historia,
en teoría literaria, en estética... su huella en la psicología ha sido mínima.
Vigoytzki es uno de pocos que desde el interior del marxismo ha intentado explicar como el
individuo humano inicialmente un organismo biológico se convierte en un sujeto
psicológico en contacto con la sociedad en la que se desarrolla.
Para Vigotsky ello ocurre, en primer lugar, a través de la adquisición del lenguaje. El
niño no solo utiliza el lenguaje para comunicarse con los demás sino que lo utiliza para
impulsar y regular sus acciones y progresivamente lo interioriza y así se convierte en
instrumento del pensamiento conciente. Al mismo tiempo el lenguaje no es neutro sino que
las palabras implican significados que incluyen los valores y los prejuicios, de la
sociedad hablante.
En mi opinión, incluso si se admite la legitimidad de esta descripción, el proceso así
descrito no explica ni el proceso básico de la individuación, que empieza mucho antes,
ni explica los rasgos principales del individuo humano: la subjetividad y la
intencionalidad.
En páginas posteriores de este comentario intentaré esbozar como entiendo este proceso
de humanización. Aquí voy a extenderme en otra consideración, más lateral pero en un
tema en el que me siento personalmente comprometido.
Psicología cultural y pedagogía
Actualmente no se puede hablar de una psicología vigotskiana como de un cuerpo de
doctrina definido pero si hay psicólogos y grupos de psicólogos que se inspiran en sus
ideas e intentan aplicarlas en distintos campos. Y uno de estos grupos, el mas conocido
entre nosotros, es el que se denomina psicología cultural, cuyas figuras más
representativas pueden ser Michael Cole y J. Wertsch y cuyas preocupaciones son, sobre
todo, de orden educativo. Y entre ellas muy especialmente el proceso de adquisición de la
escritura y el modo como ésta influye en la forma de pensar y de actuar de los que la
adquieren. Algo que se relaciona muy directamente con las ideas de Vigotsky y, más
concretamente, con las experiencias de Luria en el Uzbekistán Y también con mi propia
experiencia.
Como he contado en "La guerra a los veinte años", participé en la guerra civil
española en las filas del ejercito republicano y concretamente como "miliciano de
cultura" de un batallon con diferentes misiones de las que la primera era enseñar a
leer a los analfabetos de la unidad. Para ello disponía de un mínimo material
pedagógico, que prácticamente se reducía a varios ejemplares de una "Cartilla
antifascista", un libro, tipográficamente excelente, con palabras y frases para
introducir en la lectura siguiendo lo que entonces se llamaba un método global y con
frases relacionadas de alguna manera con la lucha y su significado. Sobre el origen de la
iniciativa no tenía información. Por un lado conocía la preocupación que había tenido
la Republica por la renovación pedagógica. Pero al mismo tiempo sabía que desde que se
organizo el ejército popular tanto el Ministerio de Educación como el Comisariado del
Ejercito, del que dependíamos los milicianos, estaban solidamente en manos del Partido
Comunista. Años después cuando he conocido la aventura de Luria se ha reforzado mi
impresión de que la "Cartilla antifascista" debía ser heredera de alguna
tradición soviética de campañas de alfabetización. Y creo que valdría la pena que
alguien estudiase el tema.
En todo caso, para mí resultó una tarea difícil pues había multitud de circunstancias
que interferían con mi trabajo pero una tarea en conjunto satisfactoria y en algunos
momentos emocionante. Y el solo hecho de estar en un ejercito que tenia milicianos de
cultura en el frente me convencía de estar en el lado bueno de la lucha. Pero todo ello
no obsta para que no advirtiese sus limitaciones.
Por supuesto la idea de fondo era que la adquisición de la escritura y la lucha contra el
fascismo eran partes de una misma lucha y de un mismo proceso de liberación. Pero en la
práctica todo era más complejo. Un buen número de los soldados del batallón no eran
voluntarios sino reclutas recién incorporados que por otra parte eran todos capaces de
escribir. Los analfabetos había que buscarlos entre los voluntarios de los primeros días
pero el Batallón era el heredero de una columna de anarquistas que con el paso del tiempo
y la evolucion política se encontraban encuadrados en un ejercito con claro predominio
comunista. Y a estos condicionamientos de carácter colectivo hay que añadir que la
historia personal de cada alumno analfabeto era distinta, comenzando por el capitán, del
que hablo en mis recuerdos, avergonzado de que sus subordinados le viesen asistir a unas
clases para analfabetos. Y si las situaciones de los alumnos eran variadas las de los
maestros milicianos no debían serlo menos sin que yo, por otra parte, tuviese ningún
contacto con los que en otros batallones tenían una tarea similar. O sea que entre la
teoría de lo que debía ser la enseñanza a escribir en las trincheras y su práctica
había una fuerte distancia.
Cuando tiempo después conocí las prácticas pedagógicas de Freire en las favelas
brasileñas inmediatamente me sentí identificado con ellas, Freire pretendía despertar
la conciencia de unos alumnos como parte de un grupo que podía adquirir conciencia de su
valor y de sus derechos y la adquisición del lenguaje escrito formaba parte de este
proceso de autoconciencia. Una práctica que tuvo éxitos evidentes en los lugares donde
se aplicó lo que no impide reconocer que fracasó en la medida en que su proyecto final
era cambiar no solo unas favelas sino todo el país brasileño. Después se trasladó a
Angola donde, los que habían asumido la descolonización e iniciado un proceso
revolucionario, le invitaron a participar en la reorganización de la enseñanza. Allí
aplicó sus mismas ideas pero ahora ya no era alguien al margen del sistema establecido
sino un representante de la nueva organización estatal y los resultados fueron también
distintos, el fracaso en este caso resultó de su incapacidad para asumir el papel de
representante de la nueva autoridad.
Si las actuaciones de Freire las he conocido por los libros otras experiencias las he
conocido directamente y en la medida de mis posibilidades las he apoyado. Se ha tratado
bien de iniciativas de enseñantes preocupados por mejorar sus métodos de enseñanza y
demostrar sus posibilidades en los medios socialmente mas desfavorecidos bien de
colectivos surgidos en estos medios y decididos a aumentar sus competencias culturales por
su propio esfuerzo. Los resultados han sido siempre positivos pero siempre también han
encontrado un limite, han sido incapaces de ampliar su ámbito de ampliación o cuando lo
han hecho se han desvirtuado.
Aquí no pretendo hacer teoría social ni nada parecido, pretendo solo aclarar en que
medida la psicología cultural puede constituir una psicología alternativa, una forma de
explicar científicamente el comportamiento de los seres humanos. La psicología cultural
nos dice que el individuo se construye desde el conjunto de sus relaciones sociales y
aquí me limito a constatar que estas relaciones son extremadamente complejas y que
fatalmente tendemos a simplificarla. Y la mejor manera de mostrarlo es volver a la
experiencia de Luria con la que he comenzado la exposición de este tema. Luria constató
que el programa de alfabetización en Uzbekistán fue un éxito, que los alfabetizados
accedieron a un nivel superior de conocimiento y de independencia y explicó que esto fue
el resultado de un proceso de enseñanza ligado a esfuerzo de liberación colectiva.
Setenta y cinco años después, Uzbekistán es una republica islámica que se ha
independizado de Rusi a y donde tiende a marginarse a los ciudadanos de origen ruso y ello
nos invita a repensar la narración de Luria.
A comienzos del siglo XIX la Rusia imperial incorporó las regiones del sur de Siberia,
las tierras fueron adjudicada a señores rusos que establecieron un régimen feudal en el
que los uzbecos de tradición musulmana se convirtieron en siervos y a finales del siglo
XIX la expansión del cultivo del algodón todavía aumentó la servidumbre. En 1918
estalló la revolución en Rusia iniciada en las grandes capitales seguida de una guerra
civil que llegó también a Uzbekistán de la mano de rusos, delegados del nuevo gobierno,
que abolieron la propiedad, expulsaron a los señores feudales e instauraron un nuevo
régimen con explotaciones agrarias colectivizadas e iniciaron una industrialización que
significó la llegada masiva de ciudadanos rusos no solo como técnicos y como obreros
sino también y sobre todo en la administración y en la enseñanza. Lo cual significa que
la alfabetización de los uzbecos se hizo en lengua rusa, y por tanto en una lengua
distinta de la primera lengua de los alumnos, y por personas de una etnia distinta de la
suya y portadores de una cultura claramente distinta. Algo que necesariamente debía
influir en el proceso de alfabetización y en sus consecuencias pero a lo que Luria parece
no atribuir ninguna importancia, solo en algunos lugares de su exposición aclara,
incidentalmente, que la conversación con sus sujetos se mantenía con ayuda de
intérpretes pero ésta es su única referencia al tema.
El ejemplo ilustra perfectamente lo que pretendo decir. La psicología cultural pretende
explicar el comportamiento del individuo a partir de la cultura de la sociedad en la que
se desarrolla y a partir por tanto de la influencia que sobre él ejercen los que le
rodean en tanto que representantes de esta cultura. Pero para que ello fuese una
auténtica explicación deberíamos ser capaces de definir en forma univoca y exhaustiva
los rasgos que definen una cultura.
Me doy perfecta cuenta del impasse al que estoy llevando mi comentario. He dedicado muchas
páginas a criticar la experimentación de laboratorio en psicología mostrando como el
experimento crea una situación artificial que deforma el comportamiento del sujeto y
deforma por tanto su interpretación y de esto se puede concluir que el comportamiento
humano hay que observarlo y explicarlo en situaciones reales y hay que explicarlo en
función de su contexto que es siempre un contexto sociocultural. Pero para que esta
explicación fuese posible habría que empezar por conocer en su totalidad el contexto
social y esto, en la práctica, resulta imposible pues necesariamente la descripción
está conformada desde la perspectiva del observador.
III. LA CONDUCTA COMO DATO EMPIRICO
12. UN EJEMPLO
La conducta de un ser humano desplegada del nacimiento a la muerte está constituida por
una serie de actos, que podemos calificar de actos humanos, y son estos actos los que
constituye directamente el objeto de la psicología y lo que trata de explicar. ¿En qué
consisten estos actos?, ¿Cúales son sus características básicas?
Vamos a intentar aclararlo con un ejemplo.
Supongamos un hombre casado y con hijos, de profesión agente de la propiedad
inmobiliaria, o dicho más simplemente corredor de fincas, que una mañana sale de su casa
en coche para dirigirse a una población relativamente lejana donde un corresponsal le ha
indicado que hay una finca en venta y en inmejorables condiciones. Por el camino, y en una
carretera secundaria, el coche le falla y después de acudir a sus conocimientos de
mecánica y a lo que recuerda de experiencias anteriores se convence de que no puede
volver a ponerlo en marcha. Requiere telefónicamente los servicios de una grúa pero le
advierten que tardará horas y como está decidido a no perder la cita, consigue llegar a
una localidad cercana y alquilar y un coche con el que llegar a tiempo a la cita.
Ya en el lugar de destino, en la conversación con el agente local, con el que le une una
vieja amistad, pronto queda claro que la finca no responde ni de lejos a sus expectativas.
Dispuesto de todos modos a aprovechar el viaje, se entera de la existencia de otra, que
parece más prometedora pero cuyo dueño resulta difícil de encontrar. De modo que el
agente local le propone quedarse a cenar y a dormir en el pueblo y localizar al
propietario el día siguiente. Y para animarle añade que acaba de abrirse un restaurante
excelente en las cercanías del pueblo. El hombre de nuestro ejemplo se siente tentado de
aceptar pero recuerda que la última vez que aprovechó un viaje para pasar una noche
fuera de casa su esposa se lo tomó mal y cuando la llama por teléfono comprueba el
disgusto con que recibe su sugerencia de modo que, en bien de la paz familiar, decide que
es mejor regresar y dejar la prospección para otro día. En el camino de vuelta mientras
conduce reflexiona sobre su vida matrimonial y decide que ha de tener una conversación a
fondo con su mujer. Y llegado a este punto y para remontar el ánimo recuerda la propuesta
que le ha hecho un compañero de agencia de establecerse por su cuenta y decide comenzar
mañana mismo las gestiones.
11. DIMENSIONES DE LA CONDUCTA
De la descripción anterior se pueden deducir algunas características principales de la
conducta humana que habrá que tener en cuenta al intentar explicarla.
Conducta activa e intencional
Desde los griegos nos hemos acostumbrado a considerar que la inteligencia es la
característica esencial de la especie humana y lo que nos distingue de los animales
según la conocida definición: "el hombre es un animal racional" y desde
entonces la psicología ha sido en primer lugar una reflexión sobre las capacidades
cognitivas del ser humano Pero por importante que sea esta capacidad ello no pude hacernos
olvidar que, como muestra claramente la descripción de la jornada del agente de la
propiedad, la conducta esta constituida por una sucesión de actos y que la inteligencia
esta primariamente al servicio de la acción, incluso si en determinadas circunstancias se
puede independizar de ella. La conducta es, en cada uno de sus momentos, en primer lugar
actividad.
Al detenerse el coche, el hombre de nuestro ejemplo levanta el capó y manosea algunos
elementos del motor intentando ponerlo en marcha. Cuando abandona este intento se dirige a
un pueblo cercano en busca de la manera de llegar a tiempo a la cita. Cuando habla con el
agente local es para aclarar las características de la oferta y ver si le interesa. Cada
una de las acciones humanas es el resultado de la intención de un sujeto que pretende
alcanzar un objetivo convertido en finalidad de su acción. Y si prescindimos de su
intención cada una de las acciones humanas se hace incomprensible.
Sobre la intencionalidad, característica esencial de las acciones humanas hemos de decir
al menos dos cosas.
En primer lugar, que la intención es siempre la intención de un sujeto que es consciente
de su intencionalidad
Y en segundo lugar, que la intención anticipa mentalmente la acción a realizar y los
resultados que producirá lo que implica incluir el futuro en el momento presente. Y al
mismo tiempo solo es posible prever una acción futura apoyándonos en la experiencia
pasada que se hace así en alguna medida presente. El presente del sujeto intencional
incluye en alguna medida futuro y presente.
A lo que podemos añadir que no solo somos conscientes de nuestra propia intencionalidad
sino que desde nuestra infancia atribuimos intencionalidad a las demás personas pero no a
las cosas que constituyen el mundo físico.
Intencionalidad estructurada
El sujeto de nuestro ejemplo manosea las piezas del motor con la intención de volver a
poner el coche en marcha, pero si pasa demasiado tiempo sin conseguirlo abandona el
empeño y busca otra manera de proseguir el viaje. Su intención era poner el coche en
marcha pero es una intención que se subordina a una intención más general, llegar a
tiempo a la cita y esta a su vez es subordinada respecto de otra mas general y previa,
cerrar el trato que en la agencia le han encomendado. Y todavía esta finalidad la podemos
encuadrar en otra mas general, satisfacer las expectativas de sus jefes y asegurar así
sus condiciones de trabajo y mejorarlas si es posible. E incluso para nuestro sujeto éste
no es el objetivo último de su conducta como lo demuestra el que esté dispuesto a
cambiar de trabajo en busca de mayor independencia y mayores ingresos.
Así la conducta nos aparece como una sucesión de actos intencionales estructurados y
jerarquizados en función de unas intenciones más generales. Una sucesión en la que
abundan los momentos de decisión entre distintas formas de conseguir un objetivo
determinado, o incluso de conflicto entre los objetivos propuestos que han de resolverse
en nombre de objetivos más generales o considerados mas importantes.
Pero si la conducta de un individuo nos aparece como una estructura coherente de
intenciones es porque el sujeto consciente de las sucesivas intenciones sigue siendo el
mismo. Por debajo de la sucesión de intenciones está la unidad de la persona mantenida a
lo largo del tiempo.
Conducta inteligente e innovadora
La conducta de los animales es repetitiva a lo largo de determinados ciclos y a lo largo
de las generaciones. También en los humanos gran parte de nuestra conducta está
constituida por acciones habituales y repetitivas. El sujeto del ejemplo cuando conduce su
coche por la carretera lo hace ejecutando movimientos que aunque no son innatos se han
convertido en una rutina. Pero en algún momento surge el imprevisto, el motor deja de
funcionar, y las respuestas habituales ya no son suficientes. Y es posible que, tras un
rato de reflexión, acierte con una respuesta no aprendida ni prevista pero que consigue
el resultado buscado. Ha puesto en juego su inteligencia, lo que le permite una conducta
original. Y es posible también que, en un nivel más elevado, el sujeto aplique su
inteligencia no a conseguir un fin determinado sino a reorganizar sus objetivos en
función de una finalidad más elevada.
La capacidad de ofrecer respuestas originales y eficaces para conseguir los propios fines
es la característica principal de la especie humana y no es extraño por ello que tienda
concentrar la atención de los estudiosos de su naturaleza. Hay que tener en cuenta que si
la inteligencia se pone en marcha para resolver problemas prácticos lo hace situándolos
en un plano más general lo que le permite superar las circunstancias concretas y
generalizar sus resultados. Y con ello trascender los problemas inmediatos para intentar
aclarar la realidad en su totalidad y en cada uno de sus aspectos. Por ejemplo,
dedicándose a estudiar la propia naturaleza humana como intentan hacer los investigadores
en psicología.
Conducta subjetiva
La intención es siempre intención de alguien y en esto consiste el que este alguien, por
ejemplo el viajante de nuestro ejemplo, sea consciente. Es consciente de sus propias
intenciones aunque nunca lo sea plenamente. Y no solo de las puras intenciones, imagina el
resultado final de sus actos y sus distintas posibilidades y recuerda lo que le ocurrió
en el pasado. Y todo ello no solo como una colección de imágenes futuras y pasadas sino
unidas en la unidad del propio sujeto. Mientras regresa a casa está imaginando una
conversación con su esposa y al hilo de sus su argumentación mental evoca imágenes de
la conversación anticipada y recuerdos de conversaciones pasadas. Y, probablemente, a
ello se añadan imágenes de lo que le ha ocurrido durante el día y de los placeres a los
que ha renunciado para precipitar la vuelta a casa. Y al mismo tiempo que mentalmente
piensa todo esto sigue conduciendo y responde a cada incidencia de la ruta con gestos
apropiados que aculan experiencias pasadas y anticipan obstáculos posibles.
La conducta es siempre conducta de un sujeto que la experimenta como propia.
Conducta responsable
El ejemplo muestra claramente cómo la conducta no es una mera sucesión de actos sino una
sucesión de decisiones. Decisiones que a veces son puramente estratégicas respecto a un
objetivo principal, Dado que nuestro sujeto desea llegar a tiempo a una cita ha de decidir
en algún momento entre seguir empeñado en reparar el coche con sus propios medios o
renunciar a ello y alquilar otro coche, La decisión no es tan simple porque hay que tener
en cuenta también el costo económico, si tan caro es el alquiler el beneficio de llegar
a tiempo a la cita puede dejar de interesar. Y si se trata de elegir entre permanecer en
un lugar con la esperanza de una ganancia importante mas la perspectiva de una aventura
galante y el mantener la armonía matrimonial queda mas claro todavía que los diferentes
objetivos que puede alcanzar tienen un valor distinto para el sujeto de nuestro ejemplo. Y
este es un dato fundamental.
El sujeto elige en cada momento de acuerdo con el valor que atribuye a los distintos
objetivos posibles y tiene por tanto un sistema de valores que determina sus elecciones
incluso si es escasamente consciente de ello. Mas todavía, no es seguro que actúe
atendiéndose estrictamente al sistema de valores que admite y es perfectamente posible
que tenga la impresión de que no se comporta como debiera, que su conducta real está muy
lejos de su conducta deseada. O que atribuya a los demás la responsabilidad por sus
fracasos vitales. No se trata de entrar aquí en toda la complejidad de las conductas
vividas, basta con constatar que el sujeto se considera, en alguna medida, responsable por
sus actos y que, paralelamente, exige a los demás que se responsabilicen por los suyos.
Conducta compartida con otros
Hasta aquí he hablado de la conducta como de algo referido exclusivamente a un sujeto
pero esto es una simplificación abusiva y la jornada del agente de la propiedad basta
para comprobarlo. Trabaja en una empresa y por tanto tiene un jefe ante el que se siente
responsable y con unos colegas con quienes a la vez colabora y compite. Y trabaja
comprando y vendiendo fincas o sea tratando con clientes. Y a quien encuentra en la
localidad a la que se dirige mas que un colaborador es un amigo con quien comparte
aficiones. Y la decisión de regresar a su casa la toma pensando en su mujer.
El individuo aislado no existe y la conducta es siempre conducta con otros, no como algo
añadido posteriormente al sujeto de la conducta sino implicado en su propia existencia y
esto desde sus comienzos. El niño se desarrolla como persona en un medio físico pero
fundamentalmente en relación con otras personas, sus padres en primer lugar. Y es en
relación con otros que el niño establece sus propias intenciones y sus propios objetivos
y es en relación con otros que valora sus éxitos y sus fracasos.
Conducta en un medio social
Aunque los individuos con los que nos relacionamos en nuestra conducta son personas de
pleno derecho, su nivel de implicación con nuestra conducta es muy distinta, con unos
compartimos proyectos, incluso nuestros proyectos más profundos, mientras con otros
nuestra relación es puramente instrumental, al servicio de nuestros objetivos. El
mecánico que repara el coche al sujeto de nuestro relato o que le alquila otro coche
será mas o menos simpático y más o menos servicial pero su compromiso con los objetivos
del protagonista es puramente impersonal, hace lo que podría hacer cualquier otros que
ocupase en la estructura social el mismo puesto.
Nuestro sujeto, como todos nosotros, existe en una sociedad en la que los sujetos se
comportan de acuerdo con determinadas normas que, en líneas generales, son conocidas y
previsibles y cada uno regula su conducta en función de estas normas. A lo que hay que
añadir que la implicación social de nuestra conducta es todavía mas profunda. Nuestro
protagonista anticipa la conducta previsible de otro automovilista que circula por la
misma carretera o la de un peatón que la cruza, igual como sabe lo que puede esperar de
un mecánico y como debe comportarse con él y así sucesivamente. La implicación es
todavía mas profunda. Si él es agente de la propiedad y se comporta de determinada
manera no es porque él haya inventado esta profesión sino que la profesión existe
previamente en la sociedad y él la ha adoptado y se ha comprometido a seguir sus normas.
Y no solo su comportamiento profesional, todos sus comportamientos, incluso los mas
personales como son sus relaciones familiares, están condicionados por normas asumidas
por el conjunto de la sociedad y que él ha asimilado en un proceso de socialización que
ha empezado en su infancia. E incluso sus rebeldías contra la norma están en buena parte
conformadas por usos sociales.
La implicación de la sociedad en nuestra conducta es todavía más profunda. El lenguaje
es el instrumento de nuestro conocimiento y el primer medio de comunicación con los
demás y la capacidad de hablar la compartimos con todos los humanos y podemos decir por
tanto que forma parte de la naturaleza humana. Pero el sujeto de nuestro ejemplo, igual
como todos nosotros, no habla en general sino en una lengua determinada, una lengua
surgida en el seno de una sociedad y de una cultura y aunque sabemos que todas las lenguas
tienen la misma complejidad y por tanto la misma capacidad expresiva y comunicativa no
deja ser cierto que cada lengua refleja en alguna medida características propia de la
sociedad y de la cultura que la engendraron.
Nada de lo que acabo de decir anula el hecho de que el sujeto de nuestro ejemplo, como
cualquiera de nosotros, es un ser corpóreo y por tanto que actúa en un medio físico.
Pero no es superfluo recordar que incluso este medio físico es, en buena parte, un
producto social. El coche en el que viaja, como la carretera por la que circula, han sido
construidos por colectivos humanos e incluso el paisaje que contempla desde la ventanilla
es un paisaje humanizado o mejor dicho socializado.
Historicidad de la conducta
La conducta de cada individuo está condicionada por la sociedad y la cultura en la que
existe pero a su vez los medios sociales y culturales son muy diversos. Si el sujeto de
nuestro ejemplo hubiese vivido hace cien, o hace ciento cincuenta años, la mayor parte de
lo que hemos contado que hace a lo largo de un día habría sido imposible de imaginar, no
existían ni coches ni carreteras asfaltadas ni agentes de la propiedad que viajasen a la
busca de clientes ni el divorcio era una posibilidad legal. Tan distintas son las
sociedades y las formas de vida que hacen posible que uno pueda preguntarse hasta qué
punto la naturaleza humana es la misma. ¿Pensaban y sentían como nosotros los hombre de
la prehistoria?
Dejando de lado esta cuestión, por otra parte bien importante para el tema que nos ocupa,
el advertir que todas las sociedades humanas han variado a lo largo de la historia puede
hacer suponer que los individuos humanos son históricos porque existen en el seno de
sociedades que tienen este carácter. La verdad es exactamente lo contrario, si las
sociedades humanas son históricas es porque lo son los seres humanos.
La historicidad de la conducta humana no consiste simplemente en que a lo largo del tiempo
su cuerpo le ofrece distintas posibilidades y distintas limitaciones sino en algo mas
profundo. Volviendo otra vez a nuestro agente de la propiedad, es facil advertir que el
relato de su jornada no se reduce a una simple sucesión de acontecimientos. Cuando
después de intentar inútilmente reparar el coche recurre a alquilar otro toma una
decisión que abre unas posibilidades determinadas y al mismo tiempo cierra otras y cuando
en alguna ocasión futura se encuentre en situación parecida la experiencia adquirida
ahora será decisiva para inclinar una nueva decisión. Y cuando discute con su amigo la
posibilidad de quedarse una noche, lo que introduciría una novedad importante en su
conducta, esta conversación solo es posible porque previamente han existido otras que han
abierto entre ellos un marco de confianza que no existe entre otros colaboradores. Y
cuando, camino de vuelta a casa, reflexiona sobre la posibilidad de sostener una
conversación con su esposa, es evidente que la conversación solo se puede imaginar
teniendo en cuenta un largo pasado compartido de encuentros y desencuentros y las
perspectivas que la ruptura o la no ruptura abren para un futuro incierto.
Podríamos decir por tanto que cada acto de la conducta de un individuo humano implica, en
alguna medida, toda su historia anterior y que cada acto, también, en alguna medida,
influirá en su historia posterior de modo que el conjunto tiende a integrarse en una
biografía única.
Colofón
Con esto he llegado al final de mi análisis. He intentado resumir lo que me parecen los
rasgos principales de la conducta humana y considero por tanto que una psicología digna
de este nombre debería explicar la conducta poniendo en primer lugar estos rasgos. Y por
otra parte he dejado claro mi convencimiento de que en el marco de la concepción de la
ciencia, vigente en nuestra cultura, cabe el estudio y la explicación de capacidades y de
procesos que ocurren en el ser humano pero no el análisis y la explicación de la
conducta humana en los términos en que la he descrito. Intencionalidad, conciencia,
valores, responsabilidad personal, son términos que no tienen ningún significado en un
marco científico y no pueden formar parte por tanto ni de la descripción ni de la
explicación.
Si al llegar aquí el lector creía que me iba a sacar una sorpresa de la manga y ofrecer
una nueva teoría psicológica, o el camino para alcanzarla, tiene motivos para sentirse
decepcionado. Lo único que puedo ofrecerle son algunas consideraciones sobre el impasse
al que parecemos haber llegado.
CONSIDERACIONES SOBRE LA PSICOLOGÍA POSIBLE
14. EL INDIVIDUO COMO LÍMITE
Buena parte de los comentarios hechos hasta aquí pueden resumirse diciendo que el gran
problema para explicar la conducta es que el ser humano es un individuo intencional y
consciente de sus intenciones. Una primera manera de enfrentarse con esta dificultad es
preguntarse hasta que punto el individuo como tal es cognoscible y explicable.
No es una cuestión nueva. El propio Aristóteles y me excuso por traerlo a colación una
vez mas, ya decía taxativamente que el conocimiento científico que para él es el
conocimiento racional versa siempre sobre lo general, el individuo como tal es
incognoscible. La botánica trata de las plantas y una parte especializada de la botánica
de los árboles y capítulos cada vez mas especializados de las diferentes especies de
árboles y de sus variedades Pero todas las afirmaciones generales que pueda hacer la
ciencia no agotan la singularidad de este almendro concreto que tengo frente a mis ojos. Y
el propio Aristóteles en su Metafísica hace notar la paradoja de que a menudo el
agricultor sin asomo de conocimientos científicos conoce sus árboles mejor que el
científico y aclara que esto ocurre porque el científico entiende de tierras y de
cultivos en lo que tienen de general mientras el agricultor conoce por experiencia esta
tierra y estos árboles concretos.
La cuestión toma una dimensión más trascendente cuando se piensa en la ética o el
derecho. Las normas morales descubiertas por la razón son por ello mismo de orden general
incluso cuando pretenden ser muy concretas mientras la conducta humana a la que pretenden
orientar esta hecha de situaciones y de hechos concretos. Y lo mismo puede decirse de las
leyes positivas que constituyen el derecho. Las leyes tienen siempre un alcance general
mientras los actos que se juzgan ante un tribunal son situaciones y hechos concretos. El
comportamiento de un presunto criminal no es nunca exactamente igual al de otro y siempre
es posible imaginar innumerables detalles que agravan o que disminuyen su responsabilidad.
¿Cómo toma el juez una decisión justa si su capacidad de razonamiento no es infinita?
¿Cómo puede el moralista asesorar o como puede el confesor en el seno de la iglesia
católica aconsejar sobre la mejor conducta a seguir en una situación determinada cuando
las circunstancias a tener en cuenta son prácticamente inagotables?
Quizás será una sorpresa para el lector saber que en la propia de Aristóteles se llegó
a una respuesta recogida luego por los moralistas y los legisladores romanos y continuada
por los moralistas medievales y por los manuales para la preparación de confesores
prácticamente hasta nuestros días, que puede enunciarse así: la adecuación de las
normas a cada caso individual y concreto no corresponde a la inteligencia sino a una
virtud que se denomina "prudencia". Y si alguien se siente sorprendido puede
tener en cuenta que esto significa la palabra puesta en boga por los juristas romanos y
que nosotros mantenemos "jurisprudencia", la virtud que permite dictar justicia.
Y todavía podemos añadir que para los griegos como para los romanos y los medievales la
prudencia, como cualquier virtud, es un hábito, que se perfecciona con el ejercicio. Es
el hábito de juzgar, la familiaridad con situaciones individuales siempre diversas, lo
que hace al juez más competente y lo mismo podemos decir del asesor moral o del confesor.
La similitud con las dificultades con que han de enfrentarse los psicólogos aplicados en
el ejercicio de su profesión es evidente y ello parece que nos ofrece una primera
respuesta a las contradicciones contempladas en las páginas anteriores de esta
reflexión, una respuesta que puede resumirse así: La psicología científica nos
proporciona información demostrable y contrastable sobre muchos aspectos del
funcionamiento de nuestra conducta. Tarea del psicólogo aplicado es aplicar estos
conocimientos a una situación concreta, la del cliente que tiene enfrente.
Una habilidad que parece evidente que mejora con la práctica. Y aquí voy a intercalar
otro recuerdo en mi exposición. Hace también muchos años, cuando comenzaba a ocuparme
de psicología leí un artículo en el que alguien en Estados Unidos contaba los
resultados de un estudio comparativo sobre la eficacia de los tratamientos ofrecidos por
diferentes escuelas de psicoterapia, unas sicoanalíticas y otras no. unas muy directivas
y otras al contrario. Para ello habían recogido los protocolos correspondientes a la
tercera y a la décima sesión del tratamiento de varios psicólogos clínicos que se
habían prestado a ellos algunos de los cuales eran relativamente novatos y otros años
llevaban años ejerciendo la profesión. Los protocolos fueros sometidos a varios expertos
para que los valorasen en dos aspectos, nivel de confianza demostrado por el cliente y
mejora aparente en su estado. Los resultados fueron muy claros, prácticamente no se
apreciaban diferencias entre las distintas escuelas mientras las diferencia eran muy
claras entre los novatos y los veteranos.
Tan clara es la importancia de la práctica que es lógico preguntarse si la formación
profesional de los psicólogos no debiera incluir una iniciación a la actividad
práctica. Es lo que, desde hace un tiempo, se pretende conseguir con el
"practicum" una actividad aplicada ejercida en condiciones reales pero en el
marco de proceso de formación. Pero ahora quiero referirme a algo previo, que sea la
propia enseñanza académica la que incluya una reflexión sobre las practicas concretas.
Hace ya bastantes años la Bussines School de la Universidad de Harward introdujo el
"estudio de casos" como un elemento importante en su docencia y desde entonces
este estudio de situaciones reales se ha convertido en habitual en las escuelas de
formación de directivos empresariales de todo el mundo. También las recientes Escuelas
de práctica jurídica dirigidas a la preparación de jueces utilizan la misma fórmula. Y
muchos siglos antes los manuales para la preparación de confesores han utilizado
sistemáticamente la discusión de casos extraídos de la práctica real. Y algo parecido
podría incluirse en la formación de los futuros psicólogos. Aunque el escaso eco que
han tenido mis palabras cada vez que lo he sugerido me hace ser bastante escéptico de que
se haga.
Al margen de estas reflexiones sobre la difícil relación entre psicología teórica y
psicología aplicada y volviendo al tema de estas reflexiones es evidente que la
observación sobre la inagotabilidad del individuo es solo una primera aproximación al
tema central de estas reflexiones la posibilidad y los limites de una psicología
científica.
15. EL INDIVIDUO HUMANO Y LOS DEMAS
A mediados del siglo XII Aben Tofail, un médico y pensador árabe nacido en Guadix
escribió una novela filosófica titulada "El filosofo autodidacta" en la que se
cuenta como un niño recién nacido depositado en un cestito arribó a una isla desierta y
allí sobrevivió gracias a una gacela que lo amamantó y lo cuidó en sus primeros
tiempos hasta que el niño fue creciendo y aprendió a procurarse el sustento por su
cuenta y a evitar los peligros. Y no solo esto sino que observaba las características de
las cosas que le rodeaban y de sus observaciones llego a deducir todo los contenidos de la
física y de la psicología, mas o menos en a forma que presentaba estas ciencias
Aristóteles y de aquí paso a deducir la metafísica y reconocer la armonía del universo
y la existencia de Dios e incluso tuvo un comienzo de experiencia mística. Y fue entonces
en la cúspide de su vida, al cumplir los 49 años, -nótese que 49 es el resultado de
multiplicar por si mismo el mágico número 7- cuando desembarcó en la isla un imán que
le enseñó el Corán y con ello el contenido de la fe religiosa.
.
El relato de Aben Tofail hay que ponerlo en relación con el descubrimiento por los
árabes del pensamiento griego y por los esfuerzos de delimitar los campos de la razón y
de la fe. Una empresa que luego fue asumida por los cristianos y que en el siglo XIII
llevó a la formulación de la escolástica en las Universidades medievales y que fue en
su seno -como antes he recordado- antes- que se fraguó el concepto moderno de la ciencia.
Pero aquí no traigo a cuenta al filósofo granadino para aclarar estas relaciones sino
por algo totalmente distinto, porque simboliza muy bien la "psicología del
Robinsón" como muy bien podría calificarse a la psicología cultivada en Occidente
desde los griegos.
En los primeros diálogos socráticos Platón por boca de Sócrates, incita a sus alumnos
a ascender del mundo de las apariencias, diversas y mutables, al cielo de las ideas,
iguales a sí mismas e inmutables. Más realista Aristóteles formula la teoría de la
abstracción, base de toda su filosofía, el ser humano recibe a través de los sentidos
imágenes de la realidad, imágenes que guarda y que combina de distintas maneras en su
memoria a lo que se añade que el "entendimiento agente" compara y combina estas
imágenes prescinde de lo que es particular para quedarse con lo general y universal: el
concepto. Y es a partir de los conceptos que el sujeto construye los juicios y los
razonamientos y por tanto la ciencia. Esta teoría de conocimiento, a veces oscilando
hacia el empirismo a veces al empirismo rabioso, ha estado en la base del pensamiento
occidental. Cuando Chomsky explica la adquisición del lenguaje diciendo que el niño
posee un dispositivo innato que le permite deducir de las muestras de lenguaje que percibe
por los sentidos las reglas sintácticas que lo constituyen no hace sino mantenerse con
estricta fidelidad en esta línea racionalista.
Piaget propone una interpretación más compleja del proceso. El niño en contacto con la
realidad circundante empieza por descubrir la constancia de las cosas, a continuación
distintas características de cada cosa para de aquí a características generales y a
poder realizar operaciones abstractas. No se trata de un proceso lineal sino de una
génesis en las que cada etapa no determina sino que simplemente posibilita los nuevos
descubrimientos. Pero el proceso sigue teniendo solo dos protagonistas: el sujeto, -el
niño- y los objetos del mundo circundantes. Claro que Piaget que formuló y teorizó todo
el proceso a partir de observaciones con sus propios hijos sabe muy bien que el niño no
está solo en esta aventura. Si descubre que la pelota sigue existiendo aunque esté
escondida la sábana es porque previamente su padre la ha escondido y le impulsa a
buscarla. Y si se hace capaz de clasificar unas mismas piezas primero por su color y luego
por su forma es porque su padre le ha proporcionado las piezas y le ha impulsado a jugar
con ellas. Pero se trata de una ayuda puramente instrumental que no influye en los
resultados del proceso, a efectos de la teoría se puede suponer que, con el paso del
tiempo, el niño solo habría acabado por hacer los mismos descubrimientos. De hecho en
los primeros diálogos platónicos este papel del adulto se destaca con mas fuerza,
Sócrates caracteriza su misión, la misión del maestro, como la de partero que ayuda al
discípulo a engendrar las ideas a partir de las imágenes. Pero en la formulación
posterior de la doctrina esta intervención se reduce a una metáfora literaria mas o
menos brillante.
Pues bien ha llegado la hora de decir con claridad y rotundidad que esto no es verdad, que
no es verdad que el ser humano nazca con unas capacidades en su organismo que baste con el
contacto con el mundo circundante, con las cosas que le rodean, para convertirse en un ser
inteligente y en una persona con objetivos propios. Notemos en primer lugar que no es
verdad que el niño empiece por descubrir la constancia de los objetos. Mucho antes de que
el niño descubra que la pelota siga existiendo y que la reconozca al reaparecer el niño
ha descubierto y es plenamente conciente de la constancia de las personas que le rodean y
en primer de la de su madre.
El niño pequeño no solo advierte la existencia de los otros antes que la de las cosas
sino que da muestras univocas de este reconocimiento. Cuando con unos pocos meses se
alimenta al pecho de su madre y se cruzan sus miradas el niño sonríe. con una sonrisa
que solo se produce ante la presencia humana, que puede ser la madre u otra persona con la
que el niño está en contacto frecuente. A veces basta el sonido de la voz para provocar
la sonrisa de reconocimiento. Y a veces basta, por el contrario, la presencia de una
persona extraña o un gesto de hostilidad para provocar el llanto.
El niño con solo unos meses de vida no solo reconoce a las personas y responde a su
presencia con muestras de agrado o desagrado sino que reconoce sus intenciones. Cuando la
madre le acerca la cuchara llena de papilla a la boca para que la abra el niño puede
acceder a la propuesta o puede por el contrario negarse y mantener la boca cerrada o
incluso girarla cara. O sea que reconoce la intención materna como una intención ajena a
la que opone su propia intención. Y esto durará a lo largo de toda su vida. Su relación
con los demás, sus actividades de colaboración o de conflicto se articularán sobre el
juego de sus propias intenciones y el de las intenciones percibidas o supuestas de los
demás.
Y algo mas todavía. A partir de los dos años el niño empieza los primeros intercambios
verbales y hacia los cuatro años domina las estructuras básicas de la lengua que habla y
tiene un vocabulario adecuado para satisfacer todas sus necesidades comunicativas. Lo cual
significa entre otras cosas que el niño se hace capaz de manejar las palabras en función
de estructuras estrictamente formales. en una edad en la que está empezando la etapa que
Piaget denomina "prelógica" en la que su manejo de los objetos es sumamente
tosco. Por otra parte, y es lo que quiero destacar, el niño empieza a hablar hablando con
otros y empieza a hablar cuando tiene una larga experiencia de comunicación gestual con
los que le rodean. Desde muy pronto el niño utiliza gestos propios y comprende los gestos
ajenos en un diálogo que en un principio es exclusivamente afectivo pero que muy pronto
se convierte en pragmático en el que el niño expresa gestualmente sus propias
intenciones y responde a las intenciones ajenas expresadas igualmente con gestos. Y es
solo sobre esta base, porque da por supuesto que las palabras de los que se dirigen a él
tienen una intención comunicativa que el niño aprende a utilizar las palabras, a deducir
tanto el significado de las propias palabras como de las relaciones morfosintácticas que
las modifican y las relacionan.
La adquisición del lenguaje verbal aumenta por supuesto las posibilidades del niño para
expresar sus propias intenciones y para comprender las intenciones de sus interlocutores
aunque esto supone un largo aprendizaje del dialogo, un aprendizaje que se prolonga a lo
largo de toda la vida y que nunca alcanza su plenitud porque el niño descubre, desde muy
pronto, que la comunicación con los demás es real pero nunca es completa.
Y algo mas todavía. Con el lenguaje verbal no solo descubre que la comunicación no es
plena, que las intenciones propias y ajenas nunca se muestran trasparentes sino algo mas
grave. El lenguaje se interioriza, el niño piensa verbalmente y pronto descubre que lo
que dice al exterior no se corresponde necesariamente con lo que piensa, que tiene la
posibilidad de mentir. Lo que implica el descubrimiento de que también el interlocutor
puede hacerlo y con ello de la ambigüedad consubstancial a la comunicación.
Creo que lo dicho hasta aquí basta para dejar claro que el individuo humano existe en un
mundo de personas antes que en un mundo de objetos y que es gracias a que existen un mundo
de personas que se convierte en inteligente y en capaz de proponerse sus propios fines. Y
esta dependencia no hay que entenderla como algo añadido a su naturaleza que descubre que
existen los demás sino que el descubrimiento de su propia individualidad es correlativo
al descubrimiento de los demás.
Las teorías o escuelas psicológicas que actualmente ocupan el campo de la psicología
científica bien parten del individuo y de sus capacidades explicar a partir de ellas las
actividades de éste o bien parten de la interacción social para explicar estas misma
actividades. Y en algún momento unos y otros concientes de sus limitaciones intentan
lanzar cables entre una y otra orilla cables que siempre resultan insuficientes. Tal como
he dicho habría que partir de una concepción de la naturaleza humana que implique a la
vez sus capacidades orgánicas y su apertura a los demás. Y a partir de ella habría que
avanzar teniendo en cuenta en cada momento de la explicación a vez los condicionantes
individuales y los interpersonales y sociales. Todo lo cual desborda evidentemente tanto
los límites de lo que entendemos por conocimiento científico como su metodología.
16. EXPLICAR Y COMPRENDER
He dicho y he repetido que el niño desde sus comienzos no solo reconoce la existencia de
otras personas en su entorno sino que advierte sus intenciones que son distintas de las
suyas propias y que a lo largo de su vida será este conocimiento de las intenciones y de
los objetivos ajenos en relación con los propios lo que explicará sus propias
actuaciones.
Piaget en el primer libro que escribió, antes de que elaborase su teoría del desarrollo
intelectual infantil, cuando recogía las conversaciones en el jardín de infancia de la
institución de Claparede y cuando suponía que la primera etapa del desarrollo infantil
se correspondía en alguna medida con el primer periodo en la historia de la humanidad,
observa que a menudo los niños pequeños atribuyen a los objetos intenciones y que son
los adultos los que les hacen notar que solo las personas poseen intenciones que dirigen
sus actuaciones mientras que los cambios que presentan las cosas son resultado de la
causalidad. En resumen podemos decir que desde la primera infancia el niño aprende dos
manera de entender y de manejar la realidad con la que está en contacto. Por una lado
maneja los objetos, juega a las canicas o construye aparatos con lego y de mayor ejerce de
fontanero o de arquitecto, arregla paraguas, construye edificios o hace experimentos
científicos de acuerdo con las características de los objetos y de las leyes físicas
que regulan su causalidad. Y al mismo tiempo se relaciona con los demás, sigue una
carrera, se enamora y se casa y tiene una familia, dirige una empresa e interviene en
política y todo ello poniendo en juego sus intenciones y teniendo en cuenta las
intenciones de los demás compartiéndolas o entrando en conflicto con ellas.
Y lo que acabo de decir para la acción se puede repetir para la explicación. Manejamos y
entendemos las cosas, el mundo de la naturaleza, en término de explicaciones causales y
manejamos y entendemos los acontecimientos humanos, desde los personales hasta los
mundiales, en términos de intenciones y de objetivos. Es cierto que a veces los dos
ámbitos se cruzan y se interfieren. Después de visitar a un amigo enfermo puedo quedar
dudando si el estado de abatimiento en que le ha encontrado es el resultado directo de un
agravamiento de la infección que sufre o es mas bien expresión de la sospecha del
paciente de que el mal que sufre es incurable y se acerca a su fin.
Las dos interpretaciones son legitimas y las dos nos resultan comprensibles y sin embargo,
hablando estrictamente, solo la primera es científica. De acuerdo con la ideología
vigente solo la explicación causal tiene categoría científica, intencionalidad y
conciencia ni son datos elementales ni principios explicativos sino hechos complejos que
un día se conseguirán explicar causalmente desde principios más simple y comunes a toda
la realidad. O, al menos, esto nos dicen los que reclaman una metodología estrictamente
científica para la psicología.
Es cierto que ha habido psicólogos que han advertido esta dificultad y que desde la
propia perspectiva cognitivista han intentado legitimar este conocimiento. Tarea
imposible, a mi juicio, pues ya he señalado que se trata de un conocimiento singular y
originario.
Lo que nos obliga a plantear la pregunta que hace rato está rondando este comentario.
¿Es que no hay mas forma de conocimiento legitimo que el conocimiento científico según
las normas de la ciencia natural? Es que el conocimiento de la personalidad ajena a
través de sus intenciones no es un auténtico conocimiento?
Para intentar responder voy a acudir otra vez a mis recuerdos personales.
En 1934, con 16 años recién cumplidos, ingresé en la Facultad de Filosofía y Letras de
la Universidad de Barcelona que aquel momento pasaba por una temporada especialmente
brillante para cursar la especialidad de filosofía. Pero solo me dio tiempo a cursar los
dos años comunes de contenido humanísticos porqué en junio del 36 estalló el
Alzamiento. Acabada la guerra terminé a trancas y a barrancas la especialidad sin asistir
a clase y examinándome por libre. A pesar de mi opción por la filosofía la verdad es
que mis intereses han girado siempre en torno a la psicología, la sociología y la
historia y en cambio me he sentido inútil para la metafísica en cualquiera de sus
versiones. Pero de la filosofía apreciaba sobretodo los panoramas generales que me
permitía abordar.
Precisando un poco mas, ya en los dos años de estudios comunes pude advertir quien
marcaba el tono de las preocupaciones filosóficas era el maestros Joaquín Xirau y que
sus preferencias iban claramente por la fenomenología. Su libro "El amor y la
percepción de los valores" era significativo en este sentido. Y en la facultad de
Madrid, el pulso lo marcaba Ortega cuya simpatía por la fenomenología era igualmente
clara y incluso su teoría de la razón vital claramente puede ponerse en relación con
ella y el catálogo de las publicaciones de la Revista de Occidente daba buena prueba de
esta simpatía.
Por mi parte fui incapaz de pasar mas allá de las primeras paginas de las
"Investigaciones lógicas" de Husserl pero en cambio leí con entusiasmo
"Esencia y formas de la simpatía" de Max Scheler y "La psicología de la
edad juvenil" y "Formas de vida" de Spranger que podían considerarse
buenas representaciones de la corriente fenomenológica en psicología. Y lo que viene mas
cuento con lo que estoy diciendo es que fue en relación con la fenomenología que me
enteré de la distinción entre "entender" y "comprender"
No creo equivocarme pensando que la introducción de esta distinción respondía a una
preocupación similar a la que motiva estas reflexiones, afirmar la validez de
conocimientos que no podían reducirse al paradigma de las ciencias positivas y
experimentales, como es el caso de la ética, o de ciertas maneras de entender la ética y
la estética y como también es el caso de los compartimientos humanos. La propuesta
despertó un cierto interés en determinados círculos intelectuales pero fue claramente
rechazada en los estrictamente científicos y por supuesto entre los que reivindicaban el
carácter científico de la psicología. Y como en nuestra época postmoderna las modas
filosóficas cambian rápidamente yo diría que nadie se acuerda ni de la fenomenología
ni de la distinción entre explicar y comprender.
Pero ello no impide que yo intente explicar lo que para mí significa
"comprender" la conducta ajena.
Pensemos otra vez en el hombre del ejemplo que he utilizado para describir la conducta y
concretamente en la conversación en la que anuncia a su esposa la posibilidad de que pase
la noche fuera de casa aceptando la invitación de un amigo. He dicho que el sujeto pronto
advierte que esta intención suya es mal recibida y que choca por tanto con las
intenciones o los proyectos de la esposa. ¿Como lo advierte? Si la conversación fuese
cara a cara antes de que la esposa exponga sus argumentos él advierte su disgusto en
primer lugar en sus gestos, en su cara y en sus ademanes. La comprensión del gesto ajeno
es la primera forma de comprensión y es facil advertir que el significado del gesto no se
deduce de la observación de sus diversos elementos sino que de la percepción de la
globalidad del gesto. Y este es el primer dato a tener en cuenta, la comprensión no es
una forma de conocimiento discursivo ni por descomposición en elementos ni por
descubrimiento de las causas, el significado se capta globalmente. Lo cual por otra parte
no significa un conocimiento intuitivo, que se da en su totalidad en un solo acto porque
la comprensión no es nunca plena y a lo largo dela conversación puede avanzar o
retroceder.
Pero al hablar con su esposa el hombre de nuestro ejemplo no solo advierte que a ella no
le gusta su propuesta sino que recuerda otras conversaciones, otras situaciones de
disgusto y la forma como él se comportó y el desenlace que tuvieron y la forma en que
previsiblemente acabará el desencuentro actual. La percepción del disgusto de la esposa
se integra en la percepción que tiene de la manera de ser de ella y de la manera como el
y ella han reaccionado en situaciones parecidas y en definitiva en la historia de sus
relaciones. De manera que comprender la actitud del otro quiere decir integrar esta
actitud en una totalidad personal en la que el gesto actual adquiere su sentido. Y esta es
por tanto la segunda característica de la comprensión como forma de conocimiento, no
descompone lo entendido en sus elementos constitutivos ni explica el acontecimiento por
sus causas sino que lo contempla en una totalidad que le otorga su sentido.
Una toma de sentido que no es necesariamente armónica. El sujeto de nuestro ejemplo puede
tener la impresión de que la reacción de desagrado de la esposa es excesiva y sin
relación con lo ocurrido otras veces y empieza a sospechar que hay otros motivos que él
desconoce y que le inquietan, quizás tiene otros intereses y esta dispuesto a romper con
él. Pero justamente esta sospecha refuerza lo que acabo de decir, que la comprensión
implica situar lo percibido en una estructura total con sentido. Al no entender la
reacción de su mujer porque la juzga incongruente necesita reconstruir la imagen que
tiene de ella en la que su reacción excesiva tenga un sentido y resulte comprensible.
Y queda todavía una ultima característica. Si comprende el enfado de su mujer es porque
el también es capaz de enfadarse. Imaginar el enfado ajeno en el interior de una
relación personal quiere decir en alguna medida vivirlo como propia. La comprensión es
algo más que una forma de conocer es también una vivencia.
Resumiendo podemos decir que la comprensión de la conducta ajena, de sus intenciones y de
sus actuaciones y de la afectividad que las acompaña por se define por tres
características principales. Es un conocimiento global, que es un conocimiento que sitúa
lo percibido en el conjunto de la personalidad ajena y con ello le da sentido y que es al
mismo tiempo que un conocimiento una vivencia compartible.
No es evidentemente un conocimiento científico porque ni puede explicarse
científicamente ni puede utilizarse en una explicación científica de la conducta. Pero
en cambio no solo es una realidad en nuestra vida cotidiana sino que es la forma en la que
el psicólogo en funciones de terapeuta conoce a su cliente y es la condición para que se
pueda establecer una relación terapéutica.
Como combinar ambos tipos de conocimientos es el gran problema que subyace a este conjunto
de reflexiones sobre la psicología como ciencia y como profesión.
Antes de terminarlas un último comentario. ¿Que hay de la recomendación al estudiante
de psicología de leer novelas en vez de colaborar en experimentos de laboratorio? ¿En
que medida se puede decir que el novelista es un psicólogo?
Freud en cuanto terapeuta a partir de su peculiar técnica psicoanalítica se consideraba
capaz de comprender la conducta y la personalidad de un paciente y pretendía que a
través del propio análisis éste se reconociese a sí mismo. Pero una cosa es la
competencia de Freud como psicólogo y su capacidad para comprender los entresijos de la
personalidad de sus pacientes y otra cosa la habilidad de Freud para traducir esta
comprensión en el texto de una historia clínica. La verdad es que Freud escribía muy
bien y los retratos que traza de sus pacientes resultan muy convincentes. Otros
psicólogos, psicoanalistas o no, no tienen esta capacidad. Algo parecido podemos decir de
los novelistas. Algunos novelistas se proponen hacer obra literaria a través de la
creación de un personaje de ficción. Algunos pero no todos pues abundan también los
novelistas que no tienen esta pretensión o que expresamente la rechazan. De los que sí
la tienen hay que suponer que se sienten atraídos por las complejidades de la
personalidad humana y que tienen buenas dotes de observación y de comprensión. Pero una
cosa es que sean capaces de comprender profundamente a los personajes que les sirven de
inspiración y otras que sus capacidades literarias le permitan traducir su visión del
personaje en textos literarios que transmitan esta comprensión al lector.
Ya he dicho que no pretendía convertir a los novelistas en profesores de psicología pero
también he sugerido la conveniencia de traer a las aulas universitarias el examen de
casos concretos para ejercitar en los alumnos el desarrollo de sus capacidades. Y de los
profesores en este caso habría que decir lo que acabo de decir de los literatos, que unos
consiguen trasmitir su comprensión de los personajes que presentan y otros no. Después
de todo las dotes del buen profesor no son necesariamente las del literato ni las del
psicólogo. Aunque si debería ser capaz de comprender a sus alumnos.
17. UN EJERCICIO DE MODESTIA
He llegado al término de mis reflexiones y el resultado es bien modesto. Me esforzado por
dejar claro las razones por las que creo que la descripción de la conducta humana que
proponen las psicologías que pretenden ser estrictamente fieles al método científico en
el sentido de las ciencias naturales es insuficiente y porqué creo que esta perspectiva
debería completarse con el reconocimiento de que la naturaleza humana desborda las
características con los que la ciencia define la materia y la causalidad, unas razones
últimas que está dispuesta a tener en cuenta. Pero soy incapaz de proponer una teoría
que reconozca la complejidad de la naturaleza humana y defina el método de investigación
que respete esta complejidad.
De modo parecido he expuesto mi convicción de que la manera como conocemos la conducta
humana, la propia y la ajena, desborda la forma de conocimiento que la ciencia nos propone
como científica y de que habría que reconocer que se trata de una autentico conocimiento
y hacerle un lugar en la en la psicología. Pero tampoco sé como encajar los dos tipos de
conocimiento que podemos alcanzar sobre la conducta humana y dudo que cualquier propuesta
que pudiese hacer en este sentido encontrase mucho eco.
La conclusión de mi reflexión es por tanto extremadamente modesta. Me doy cuenta de que
la psicología que hacemos es claramente insuficiente para los fines que nos proponemos y
creo que debería cambiar pero no me veo capaz definir claramente este cambio ni de
influir en él ni creo tan solo que el cambio se vaya a producir. Y algo peor todavía. He
denunciado lo que me parece una limitación de la psicología que desde los comienzos
hemos practicado, una psicología que se centra en el estudio del hombre como sistema de
cognición y he abogado por poner en el centro de la atención de los psicólogos la
conducta intencional. Pero en cambio tal como ha sido tradicional en la psicología he
dejado de lado que la conducta es también y siempre afectiva. Y la afectividad tiene un
nivel elemental que es el placer y el dolor. Y, ¿qué nos han dicho los psicólogos a lo
largo de los siglos sobre el dolor?
La tradición principal de la psicología, la psicología centrada en explicar el
conocimiento, ha dicho bien poco sobre el dolor. Para citar una vez una vez mas a
Aristóteles hay un contrate brutal entre la sofistificación de sus explicaciones sobre
el proceso de la abstracción o del razonamiento lógico y la simplicidad y la ingenuidad
de lo que dice sobre el dolor. Y en el polo contrario los que cultivan una psicología de
base fisiológica parece que deberían haber tenido un particular empeño en aclararlo
pero la pura verdad es que todo lo que nos dicen es de una pobreza decepcionante. Y quien,
como yo he hecho en estas reflexiones, sitúa en primer lugar la intencionalidad de la
conducta y la comprensión como correlato de su expresividad, tampoco tiene mayores
motivos para sentirse satisfecho. Ciertamente el dolor ajeno se me hace patente en los
gestos y en la mirada del otro y ello constituye una experiencia impactante pero lo que
con mayor claridad me revela esta experiencia es que el dolor no se puede compartir y con
ello queda clara nuestra radical incapacidad de compartir hasta el fondo la conducta
ajena.
Lo cual quiere decir, lisa y llanamente, que cualquier psicología, científica o no
científica será siempre insuficiente respecto al objetivo que se propone. Pero significa
también que nunca dejaremos de sentirnos atraídos por la psicología. De mí al menos
puedo decir que intentar entender los comportamientos humanos me resulta más atractivo y
más fascinante que desentrañar la constitución última de la materia o especular sobre
el origen del universo. Y no creo ser el único. De manera que los que, para decirlo con
Hegel, Dios ha destinado a ser psicólogos, deberemos seguir luchando contra las
limitaciones y apechugando con las dificultades.