¡Ay! un galán de esta villa,
¡ay!,
un galán de esta casa,
¡ay!,
de lejos que venía,
¡ay!,
de lejos que llegaba.
-
¡Ay!, diga lo que él quería.
¡ay!,
diga lo que él buscaba.
-
¡Ay!, busco a la blanca niña,
¡ay!,
busco a la niña blanca,
que
tiene voz delgadina,
que
tiene la voz de plata;
cabello
de oro tejía,
cabello
de oro trenzaba.
-
Otra no hay en esta villa,
otra
no hay en esta casa,
si
no era una mi prima,
si
no una prima hermana;
¡ay!,
de marido pedida,
¡ay!,
de marido velada.
-
¡Ay!, diga a la blanca niña,
¡ay!,
diga a la niña blanca,
¡ay!,
que su amigo la espera,
¡ay!,
que su amigo la aguarda
al
pie de una fuente fría,
al
pie de una fuente clara,
que
por el oro corría,
que
por el oro manaba,
a
orillas del mar que suena,
a
orillas del mar que brama.
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Ya viene la blanca niña,
ya
viene la niña blanca,
al
pie de la fuente fría
que
por el oro manaba;
la
tan fresca mañanica,
mañanica
la tan clara;
¡ay!,
venga la luz del día !,
¡ay!,
venga la luz del alba ! |