Gustavo Adolfo Bécquer (1836 - 1870)

Rimas XII - XXIX

XII XIII XIV XV XVI XVII XVIII

XIX XX

XXI XXII XXIII XXIV XXV XXVI XXVII XXVIII XXIX

El orden de las Rimas (números romanos) es el que fijaron los

amigos de Bécquer en la edición de 1871. Los números en cifras árabes corresponden al

orden en el Libro de los gorriones.

The roman numbering of the Rimas was fixed by Bécquer's

friends in the 1871 edition of his poems. The arabic numbering corresponds to the order of

the poems in the Libro de los gorriones.

XII

79

Porque son, niña, tus ojos

verdes como el mar, te quejas;

verdes los tienen las náyades,

verdes los tuvo Minerva,

y verdes son las pupilas

de las hourís del Profeta.

El verde es gala y ornato

del bosque en la primavera;

entre sus siete colores

brillante el iris lo ostenta;

las esmeraldas son verdes;

verde el color del que espera,

y las ondas del océano

y el laurel de los poetas.

***

Es tu mejilla temprana

rosa de escarcha cubierta,

en que el carmín de los pétalos

se ve al través de las perlas.

Y, sin embargo,

sé que te quejas

porque tus ojos

crees que la afean,

pues no lo creas,

que parecen sus pupilas

húmedas, vedes e inquietas,

tempranas hojas de almendro

que al soplo del aire tiemblan.

***

Es tu boca de rubíes

purpúrea granada abierta

que en el estío convida

a apagar la sed con ella.

Y, sin embargo,

sé que te quejas

porque tus ojos

crees que la afean,

pues no lo creas,

que parecen, si enojada

tus pupilas centellean,

las olas del mar que rompen

en las cantábricas peñas.

Es tu frente que corona,

crespo el oro en ancha trenza,

nevada cumbre en que el día

su postrera luz refleja.

Y, sin embargo,

sé que te quejas

porque tus ojos

crees que la afean,

pues no lo creas,

que, entre las rubias pestañas,

junto a las sienes semejan

broches de esmeralda y oro

que un blanco armiño sujetan.

***

Porque son, niña, tus ojos

verdes como el mar te quejas;

quizás, si negros o azules

se tornasen, los sintieras.

Top / Arriba

XIII

29

(Imitación de Byron)

Tu pupila es azul y, cuando ríes,

su claridad süave me recuerda

el trémulo fulgor de la mañana

que en el mar se refleja.

Tu pupila es azul y, cuando lloras,

las transparentes lágrimas en ella

se me figuran gotas de rocío

sobre una vïoleta.

Tu pupila es azul y, si en su fondo

como un punto de luz radia una idea,

me parece en el cielo de la tarde

una perdida estrella.

[See Byron's "I saw thee weep - the big

bright tear" and " As clouds from yonder sun receive"]

Top / Arriba

XIV

72

Te vi un punto y, flotando antes mis ojos,

la imagen de sus ojos se quedó,

como la mancha oscura orlada en fuego

que flota y ciega si se mira al sol.

Adondequiera que la vista clavo,

torno a ver sus pupilas llamear,

mas no te encuentro a ti, que es tu mirada,

unos ojos, los tuyos, nada más.

De mi alcoba en el ángulo los miro

desasidos fantásticos lucir;

cuando duermo los siento que se ciernen,

de par en par abiertos sobre mí.

Yo sé que hay fuegos fatuos que en la noche

llevan al caminante a perecer;

yo me siento arrastrado por tus ojos,

pero adónde me arrastran, no lo sé.

Top / Arriba

XV

60

(Tú y yo.

Melodía.)

Cendal flotantee de leve bruma,

rizada cinta de blanca espuma,

rumor sonoro

de arpa de oro,

beso del aura, onda de luz:

eso eres tú.

Tú, sombra aérea, que cuantas veces

voy a tocarte, te desvaneces

¡como la llama, como el sonido,

como la niebla, como el gemido

del lago azul!

En mar sin playas onda sonante,

en el vacío cometa errante,

largo lamento

del ronco viento,

ansia perpetua de algo mejor:

eso soy yo.

Yo, que a tus ojos, en mi agonía,

los ojos vuelvo de noche y de día;

yo, que incansable corro, y demente,

¡tras una sombra, tras la hija ardiente

de una visión!

Top / Arriba

XVI

43

(Serenata)

Si al mecer las azules campanillas

de tu balcón,

crees que suspirando pasa el viento

murmurador,

sabe que, oculto entre las verdes hojas,

suspiro yo.

Si al resonar confuso a tus espaldas

vago rumor,

crees que por tu nombre te ha llamado

lejana voz,

sabe que, entre las sombras que te cercan,

te llamo yo.

Si se turba medroso en la alta noche

tu corazón,

al sentir en tus labios un aliento

abrasador,

sabe que, aunque invisible, al lado tuyo,

respiro yo.

Top / Arriba

XVII

50

Hoy la tierra y los cielos me sonríen,

hoy llega al fondo de mi alma el sol,

hoy la he visto...La he visto y me ha mirado...

¡Hoy creo en Dios!

Top / Arriba

XVIII

6

Fatigada del baile,

encendido el color, breve el aliento,

apoyada en mi brazo,

del salón se detuvo en un extremo.

Entre la leve gasa

que levantaba el palpitante seno,

una flor se mecía

en compasado y dulce movimiento.

Como en cuna de nácar

que epuja el mar y que acaricia el céfiro,

dormir parecía al blando

arrullo de sus labios entreabiertos.

¡Oh, quién así - pensaba -

dejar pudiera deslizarse el tiempo!

¡Oh, si las flores duermen,

qué dulcísimo sueño!

Top / Arriba

XIX

52

Cuando sobre el pecho inclinas

la melancólica frente,

una azucena tronchada

me pareces.

Porque al darte la pureza

de que es símbolo celeste,

como a ella te hizo Dios

de oro y nieve.

Top / Arriba

XX

37

Sabe, si alguna vez tus labios rojos

quema invisible atmósfera abrasada,

que el alma que hablar puede con los ojos,

también puede besar con la mirada.

Top / Arriba

XXI

21

- ¿ Qué es poesía?, dices mientras clavas

en mi pupila tu pupila azul.

¿ Qué es poesía? ¿ Y tú me lo preguntas?

Poesía... eres tú.

Top / Arriba

XXII

19

¿ Cómo vive esa rosa que has prendido

junto a tu corazón?

Nunca hasta ahora contemplé en el mundo

junto al volcán la flor.

Top / Arriba

XXIII

22

(A ella. No sé...)

Por una mirada, un mundo;

por una sonrisa, un cielo;

por un beso... ¡Yo no sé

qué te diera por un beso!

Top / Arriba

XXIV

36

(Dos y uno)

Dos rojas lenguas de fuego

que a un mismo tronco enlazadas

se aproximan y, al besarse,

forman una sola llama,

dos notas que del laúd

a un tiempo la mano arranca,

y en el espacio se encuentran

y armonïosas se abrazan;

dos olas que vienen juntas

a morir sobre una playa

y que, al romper, se coronan

con un penacho de plata;

dos jirones de vapor

que del lago se levantan

y al juntarse allá en el cielo,

forman una nube blanca;

dos ideas que al par brotan;

dos besos que a un tiempo estallan;

dos ecos que se confunden:

eso son nuestras dos almas.

Top / Arriba

XXV

31

Cuando en la noche te envuelven

las alas de tul del sueño

y tus tendidas pestañas

semejan arcos de ébano,

por escuchar los latidos

de tu corazón inquieto

y reclinar tu dormida

cabeza sobre mi pecho,

diera, alma mía,

cuanto [poseo:]

¡la luz, el aire

y el pensamiento!

Cuando se clavan tus ojos

en un invisible objeto

y tus labios ilumina

de una sonrisa el reflejo,

por leer sobre tu frente

el callado pensamiento

que pasa como la nube

del mar sobre el ancho espejo,

diera, alma mía,

cuanto deseo:

¡la fama, el oro,

la gloria, el genio!

Cuando enmudece tu lengua

y se apresura tu aliento

y tus mejillas se encienden

y entornas tus ojos negros,

por ver entre sus pestañas

brillar con húmedo fuego

la ardiente chispa que brota

del volcán de los deseos,

diera, alma mía,

por cuanto espero,

la fe, el espíritu,

la tierra, el cielo.

Top / Arriba

XXVI

7

Voy contra mi interés al confesarlo;

[pero yo,] amada mía,

pienso, cual tú, que una oda sólo es buena

de un billete del Banco al dorso escrita.

No faltará algún necio que al oírlo

se haga cruces y diga:

- Mujer, al fin, del siglo diez y nueve,

material y prosaica... ¡Boberías!

Voces que hacen correr cuatro poetas

que en invierno se embozan con la lira:

¡Ladridos de los perros a la luna!

Tú sabes y yo sé que, en esta vida,

con genio es muy contado el que la escribe

y con oro cualquiera hace poesía.

Top / Arriba

XXVII

63

(¡Duermen!)

Despierta, tiemblo al mirarte;

dormida, me atrevo a verte;

por eso, alma de mi alma,

yo velo mientras tú duermes.

Despierta, ríes y al reir tus labios

inquietos me parecen

relámpagos de grana que serpean

sobre un cielo de nieve.

Dormida, los extremos de tu boca

pliega sonrisa leve,

süave como el rastro luminoso

que deja un sol que muere.

¡Duerme!

Despierta, miras y, al mirar, tus ojos

húmedos resplandecen,

como la onda azul en cuya cresta

chispeando el sol hiere.

Al través de tus párpados, dormida,

tranquilo fulgor vierten,

cual derrama de luz, templado rayo,

lámpara trasparente.

¡Duerme!

Despierta, hablas y, al hablar, vibrantes

tus

palabras parecen

lluvia de perlas que en dorada copa

se

derrama a torrentes.

Dormida, en el murmullo de tu aliento

acompasado y tenue,

escucho yo un poema que mi alma

enamorada entiende.

¡Duerme!

Sobre el corazón la mano

me he puesto poque no suene

su latido y de la noche

turbe la calma solemne.

De tu balcón las persianas

cerré ya porque no entre

el resplandor enojoso

de la aurora y te despierte.

¡Duerme!

Top / Arriba

XXVIII

58

Cuando, entre la sombra oscura,

perdida una voz murmura

turbando su triste calma,

si en el fondo de mi alma

la oigo dulce resonar,

dime: ¿ es que el viento en sus giros

se queja, o que tus suspiros

me hablan de amor al pasar?

Cuando el sol en mi ventana

rojo brilla a la mañana,

y mi amor tu sombra evoca,

si en mi boca de otra boca

sentir creo la impresión,

dime: ¿ es que ciego deliro,

o que un beso en un suspiro

me envía tu corazón ?

Y en el luminoso día,

y en la alta noche sombría,

si en todo cuanto rodea

al alma que te desea,

te creo sentir y ver,

dime: ¿ es que toco y respiro

soñando, o que en un suspiro

me das tu aliento a beber ?

Top / Arriba

XXIX

53

la bocca mi baciò tutto tremante

(Dante, Commedia, inf. V. 136)

Sobre la falda tenía

el libro

abierto;

en mi mejilla tocaban

sus rizos

negros;

no veíamos las letras

ninguno creo;

sin embargo guardábamos

hondo silencio.

¿ Cuánto duró ? Ni aun entonces

pude saberlo.

Sólo sé que no se oía

más que el aliento,

que apresurado escapaba

del labio seco.

Sólo sé que nos volvimos

los dos a un tiempo,

y nuestros ojos se hallaron

¡y sonó un beso!

***

Creación de Dante era el libro;

era su Infierno.

Cuando a él bajamos los ojos,

yo dije trémulo:

- ¿ Comprendes ya que un poema

cabe en un verso ?

Y ella respondío encendida:

- ¡Ya lo comprendo!

Top / Arriba

Todas las Rimas

Rimas I - XI

XII - XXIX

XXX - XL

XLI - LI

LII

- LXV


LXVI - LXXV

LXXVI - LXXXVII

Some translations