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Gustavo Adolfo Bécquer (1836 - 1870)
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Nota biográfica
G.A. Bécquer nació en Sevilla el 17 de febrero de 1836, el quinto de ocho hijos.
A los dieciocho años, en 1854 se fue a vivir a Madrid, pero siempre añoró a
su ciudad natal. En la capital empezó su carrera de escritor, y fueron unos años
difíciles. Su obra apareció en diarios y revistas, como "El
Contemporáneo" , "El Museo Universal" , y "La
Ilustración de Madrid", del cual llegó a ser director literario. Su salud era
muy endeble, y en 1858 sufrió una grave enfermedad. Falleció en Madrid el 22 de
diciembre de 1870 a los treinta y cuatro años.
Biographical notes
G.A. Bécquer was born on Feb. 17, 1836 in Seville, the fifth of eight sons. When
he turned eighteen, in 1854 he went to live in Madrid, though Seville was always in his
thoughts. In Madrid he began his life as a writer, and they were hard times. His works
were published in daily newspapers and magazines like "El Contemporáneo" ,
"El Museo Universal" , and "La Ilustración de Madrid" ,
of which he became literary editor. His health was poor, and in 1858 was very ill.
He died in Madrid on Dec. 22, 1870, being only thirty-four years old.
El orden de las Rimas (números romanos) es el que fijaron los amigos de
Bécquer en la edición de 1871. Los números en cifras árabes corresponden al orden en
el Libro de los gorriones.
The roman numbering of the Rimas was fixed by Bécquer's friends in the
1871 edition of his poems. The arabic numbering corresponds to the order of the poems in
the Libro de los gorriones.
I
11
Yo sé un himno gigante y extraño
que anuncia en la noche del alma una aurora,
y estas páginas son de ese himno
cadencias que el aire dilata en las sombras.
Yo quisiera escribirle, del hombre
domando el rebelde mezquino idïoma,
con palabras que fuesen a un tiempo
suspiros y risas, colores y notas.
Pero en vano es luchar, que no hay cifra
capaz de encerrarle; y apenas, ¡oh hermosa!,
si, teniendo en mis manos las tuyas,
pudiera, al oído, cantártelo a solas.
Saeta que voladora
cruza, arrojada al azar,
y que no se sabe dónde temblando se clavará;
hoja que del árbol seca
arrebata el vendaval,
sin que nadie acierte el surco
donde al polvo volverá;
gigante ola que el viento
riza y empuja en el mar,
y rueda y pasa, y se ignora
que playa buscando va;
luz que en cercos temblorosos
brilla, próxima a expirar,
y que no se sabe de ellos
cuál el último será;
eso soy yo, que al acaso
cruzo el mundo sin pensar
de dónde vengo ni a dónde
mis pasos me llevarán.
Sacudimiento extraño
que agita las ideas,
como huracán que empuja
las olas en tropel;
Murmullo que en el alma
se eleva y va creciendo,
como volcán que sordo
anuncia que va a arder;
Deformes silüetas
de seres imposibles;
paisajes que aparecen
como al través se un tul;
Colores que fundiéndose
remedan en el aire
los átomos del iris
que nadan en la luz;
Ideas sin palabras,
palabras sin sentido;
cadencias que no tienen
ni ritmo ni compás;
Memorias y deseos
de cosas que no existen;
accessos de alegría,
impulsos de llorar;
Actividad nerviosa
que no halla en qué emplearse;
sin riendas que le guíe
caballo volador;
Locura que el espíritu
exalta y desfallece;
embriaguez divina
del genio creador...
Tal es la inspiración.
****
Gigante voz que el caos
ordena en el cerebro
y entre las sombras hace
la luz aparecer;
Brillante rienda de oro
que poderosa enfrena
la exaltada mente
el volador corcel;
Hilo de luz que en haces
los pensamientos ata;
sol que las nubes rompe
y toca en el zenit;
Inteligente mano
que un collar de perlas
consigue las indóciles
palabras reünir;
Armonïoso ritmo
que con cadencia y número
las fugitivas notas
encierra en el compás;
Cincel que el bloque muerde
la estatua modelando,
y la belleza plástica
añade a la ideal;
Atmósfera en que giran
con orden las ideas,
cual atómos que agrupa
recóndita atracción;
Raudal en cuyas ondas
su sed la fiebre apaga;
oasis que al espiritu
devuelve su vigor...
Tal es nuestra razón.
****
Con ambas siempre en lucha,
y de ambas vencedor,
tan sólo al genio es dado
a un yugo atar las dos.
No digáis que, agotado su tesoro,
de asuntos falta, enmudeció la lira;
podrá no haber poetas, pero siempre
habrá poesía.
Mientras las ondas de la luz al beso
palpiten encendidas,
mientras el sol las desgarradas nubes
de fuego y oro vista,
mientras el aire en su regazo lleve
perfumes y armonías,
mientras haya en el mundo primavera,
¡habrá poesía!
Mientras la humana ciencia no descubra
las fuentes de la vida,
y en el mar o en el cielo haya un abismo
que al cálculo resista,
mientras la humanidad siempre avanzando
no sepa a dó camina,
mientras haya un misterio para el hombre,
¡habrá poesía!
Mientras se sienta que se ríe el alma,
sin que los labios
rían;
mientras se llore sin que el llanto acuda
a nublar la pupila;
mientras el corazón y la cabeza
batallando
prosigan,
mientras haya esperanzas y recuerdos,
¡habrá poesía!
Mientras haya unos ojos que reflejen
los ojos que los miran,
mientras responda el labio suspirando
al labio que suspira,
mientras sentirse puedan en un beso
dos almas confundidas,
mientras exista una mujer hermosa,
¡habrá poesía!
V
62
Espiritu sin nombre,
indefinible esencia,
yo vivo con la vida
sin formas de la idea.
Yo nado en el vacío,
del sol tiemblo en la hoguera,
palpito entre las sombras
y floto con las nieblas.
Yo soy el fleco de oro
de la lejana estrella,
yo soy de la alta luna
la luz tibia y serena.
Yo soy la ardiente nube
que en el ocaso ondea,
yo soy del astro errante
la luminosa estela.
Yo soy nieve en las cumbres,
soy fuego en las arenas,
azul onda en los mares
y espuma en las riberas.
En el laúd, soy nota,
perfume en la violeta,
fugaz llama en las tumbas
y en las ruinas, yedra.
Yo atrueno en el torrente
y silbo en la centella,
y ciego en el relámpago
y rujo en la tormenta.
Yo río en los alcores,
susurro en la alta yerba,
suspiro en la onda pura,
y lloro en la hoja seca.
Yo ondulo con los átomos
del humo que se eleva
y al cielo lento sube
en espiral inmensa.
Yo, en los dorados hilos
que los insectos cuelgan,
me mezco entre los árboles
en la ardorosa siesta.
Yo corro tras las ninfas
que, en la corriente fresca
del cristalino arroyo,
desnudas jugetean.
Yo, en las cavernas cóncavas
do el sol nunca penetra
mezclándome a los gnomos,
contemplo sus riquezas.
Yo busco de los siglos
las ya borradas huellas,
y sé de esos imperios
de que ni el nombre queda.
Yo sigo en raudo vértigo
los mundos que voltean,
y mi pupila abarca
la creación entera.
Yo sé de esas regiones
a do un rumor no llega,
y donde informes astros
de vida un soplo esperan.
Yo soy sobre el abismo
el puente que atraviesa,
yo soy la ignota escala
que el cielo une a la tierra.
Yo soy el invisible
anillo que sujeta
el mundo de la forma
al mundo de la idea.
Yo, en fin, soy ese espíritu,
desconocida esencia,
perfume misterioso
de que es vaso el poeta.
Como la brisa que la sangre orea
sobre el oscuro campo de batalla,
cargada de perfumes y armonías
en el silencio de la noche vaga:
Símbolo del dolor y la ternura,
del bardo inglés en el horrible drama,
la dulce Ofelia, la razón perdida,
cogiendo flores y cantando pasa.
Del salón en el ángulo oscuro,
de su dueña tal vez olvidada,
silenciosa y cubierta de polvo,
veíase el arpa.
¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas,
como el pájaro duerme en las ramas,
esperando la mano de nieve
que sabe
arrancarlas!
¡Ay! - pensé - ¡cuántas veces el genio
así duerme en el fondo del alma,
y una voz, como Lázaro, espera
que le diga "¡Levántate y anda!"
Cuando miro el azul horizonte
perderse a lo
lejos,
al través de una gasa de polvo
dorado e inquieto,
me parece posible arrancarme
del mísero suelo
y flotar con la niebla dorada
en átomos leves,
cual ella desecho.
Cuando miro de noche en el fondo
oscuro del cielo
las estrellas temblar como ardientes
pupilas de fuego,
me parece posible a do brillan
subir en un vuelo
y anegarme en su luz, y con ellas
en lumbre encendido
fundirme en un
beso.
En el mar de la duda en que bogo
ni aun sé lo que
creo;
sin embargo estas ansias me dicen
que yo llevo algo
divino aquí
dentro.
Besa el aura que gime blandamente
las leves ondas que jugando riza;
y el sol besa a la nube en occidente,
y de púrpura y oro la matiza;
la llama, en derredor del tronco ardiente,
por besar a otra llama se desliza;
y hasta el sauce, inclinándose a su peso,
al río que le besa, vuelve un beso.
X
46
("Su gozo [el de Bécquer] era fugaz
como el tránsito de los días primaverales,
una ilusión, un desvanecimiento de un
instante..."
Narciso Campillo, artículo necrológico
del poeta, "La Ilustración de Madrid",
15 de enero de 1871.)
Los invisibles átomos del aire
en derredor palpitan y se inflaman,
el cielo se deshace en rayos de oro,
la tierra se estremece alborozada.
Oigo, flotando en olas de armonías,
rumor de besos y batir de alas;
mis párpados se cierran...¿Qué sucede?
¿Dime?
- ¡Silencio! ¡Es el amor que pasa!
- Yo soy ardiente, yo soy morena,
yo soy el símbolo de la pasión;
de ansia de goces mi alma está llena;
¿A mí me buscas?
-No es a ti, no.
- Mi frente es pálida, mis trenzas de oro;
puedo brindarte dichas sin fin;
yo de ternura guardo un tesoro:
¿ A mí me llamas?
-No, no es a tí.
- Yo soy un sueño, un imposible,
vano fantasma de niebla y de luz;
soy incorpórea, soy intangible;
no puedo amarte.
-¡Oh, ven, ven tú!
Todas las Rimas
Last Updated 10-06-2007